En 2011, el periodista musical Fernando Navarro publicaba Acordes rotos: retazos eternos de la música norteamericana: uno de sus 33 protagonistas es...
Vic Chesnutt (1964-2009). “El hermoso arte de dar sentido a la melodía”
“Excelente compositor folk, creador de un prodigioso universo frágil y
dispar”, confesaba “su dolor a modo de canciones desnudas, sin recreos más allá
de su sarcasmo y sus punteos concisos”. En sus canciones “brillaba una dignidad
ejemplar. Se escuchaba la voz de un hombre que abría su alma de par en par,
intentando asumir su desventura, con el único fin de dar salida a sus fantasmas
y sus ángeles”. Considerado “como el mejor cantautor de la escena independiente
norteamericana” en la década de 1990”, fue un antecesor del folk-rock
alternativo de finales del siglo XX. “Con precisos y emotivos acordes,
rastreaba su alma para universalizar sus sentimientos de desamparo y búsqueda
de felicidad en un mundo donde la presencia de la fatalidad era constante”.
Patti Smith dijo de él: ‘Poseía una energía y un humanismo sobrenaturales’.
“Musicalmente,
Chesnutt, como tantos otros antes, fue como
un acorde en mitad de una gran canción, dispuesto a actuar para dar sentido
a la melodía. Un acorde, capaz de sonar durante al menos un instante para y por
cada uno de nosotros. Ese instante en el que todo tiene significado y nada te
vence, ni siquiera las injusticias de la vida. El acorde que forma parte, como
cantaba Bob Dylan en Chimes Of Freedom,
del sonido compartido de ‘las radiantes campanas de la libertad´, centelleando,
tañendo, para la eternidad”.
Este texto pertenece a mi artículo ‘La música
popular estadounidense del siglo XX (según Fernando Navarro)’, publicado el 7
de abril de 2019 en Moon Magazine, que puedes leer completo EN ESTE ENLACE.

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