London Calling, deja en la arena todos aquellos poemas,
cerrad las novelas, no
leáis el teatro en un libro.
Las estrellas iluminarán
este bosque y escucharemos a sus pájaros cantarnos el olvido.
Londres suena a tempestad de
los siglos, a incendio y a llamada, a gritos y a canciones, a jardines y a río
oceánico.
Londres sabe de mí desde hace
tiempo, me tiene en sus calles y en su perímetro, me tiene prendido de un
sueño, es un corazón en las tinieblas y es cada melodía de mi adolescencia.
Londres es un jardín donde
buscar la sombra de Peter Pan para atármela al alma, es la ciudad a la que ELLA
me lleva para buscar las estrellas una vez más sin necesidad de encontrar
ninguna porque me basta con saber que existen, como existe Londres y una voz de
álamo.
Estuvimos en Londres esperando
a los metros en instantes fugaces, riéndonos en los museos, abrazados en los
segundos pisos, soñando con regresar una y otra vez a su fiera intensidad
adormecida en una grandeza de siglos, afilada apostura de ciudad humana, vital
y sacrificio.
Estuvimos allí, en las metropolitanas
riberas donde hay un mundo hecho de parques y calles dóciles, estuvimos en
Londres recordando el futuro mientras el Támesis fingía ser feliz.
London es East London y
es Great London y es una rueda descomunal, antigua y moderna,
es una fantasía realizada
lentamente vida tras vida, un futuro londinense de londinenses, venidos del más
allá,
falsamente habitado por
cuervos ridículamente negros, ensartado a la realidad en sus Siete Magníficos,
lluvias de pasado en
pasado lo hilan al hoy de los rascacielos, chimeneas como instrumentos
musicales cantan London Calling, London Girl, I love London in the Springtime,
in the Winter, en verano y en otoño,
London es un Londres
victorioso, pintoresco, terrestre, es un subterráneo extremo vincular del
mundo,
es un lienzo admirable
surcado por puentes y raíles, una calle encendida donde brillan las noches
sutilmente,
es una silenciosa
marejada de humanos demasiado humanos.
Londres me acaricia el
espíritu cada vez que lo piso.
Sueño con ese río
inmenso de Londres y en el sueño sueño que yo soy el Támesis,
gime él y gimo yo, nada
él en el cielo y yo soy el nadador universal de todos los cuentos de nadadores,
soy el cieno en el pico
de sus gaviotas inmensas como las de los versos de Alberti, como las columnas
romanas y la sangre,
soy un tren subterráneo
que respira los ladrillos industriales del pasado londinense forjado en los
días y las noches del Londres de hoy, del Londres que baño y sumerjo,
y justifico sus puentes violentos, británicos, conquistados por el futuro que siempre está a punto de limpiar la hermosa impureza de la capital del mundo que amo.

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