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Eduardo Galeano, abierto por fútbol


Póstumo es el libro Cerrado por fútbol, escrito por el intelectual uruguayo Eduardo Galeano, publicado en 2017, dos años después de su muerte. Reconocido devoto del fútbol (no sólo uruguayo) y gran defensor de la necesidad de sacarlo de las catacumbas de lo inane o dañino, Galeano escribió muchísimas páginas dedicadas al deporte más popular del mundo divertidas e inteligentes, analíticas y moteadas de fervor auténtico. Algunas de ellas fueron a parar a esta magnífica recopilación de escritos suyos.

 

        “El fútbol es la metáfora de todo lo demás”.

 

El otro libro suyo sobre el asunto lo había publicado en 1995, era el ya famoso El fútbol a sol y a sombra, que yo leí en su momento. Su editor explica el contenido de Cerrado por fútbol:

 

“Antes y después de El fútbol a sol y a sombra, Galeano produjo una cantidad enorme de textos que hablaban del fútbol y que en buena medida fueron publicados en sus distintos libros o que, dispersos en viejos diarios y revistas, son prácticamente inhallables. Como paso inicial, releímos su obra atentos a ese material y descubrimos un corpus sólido, por momentos conmovedor y siempre entretenido, que refleja bien la mirada y la relación que Galeano tenía con el fútbol. El hecho de que esos textos estuvieran intercalados en sus libros u olvidados en publicaciones periódicas impedía que sus lectores futboleros pudieran acceder a ellos, de modo que el primer motor de este volumen fue llegar a ellos con escritos en buena medida desconocidos”.

 

Leyendo el libro de Galeano conozco al sociólogo británico y gran especialista en deportes, fundamentalmente el fútbol, David Goldblatt, de quien ninguno de sus muy interesantes libros ha sido hasta ahora traducido al español. Goldblatt, de cuyos análisis se habla brevemente al comienzo de Cerrado por fútbol, mantiene que el fútbol “es un lugar raro y precioso, parte de nuestra cultura común, una herencia fabulosa de más de cien años de juego, un repositorio de identidades poderosas y solidaridades, un complejo juego de rituales colectivos y conversaciones públicas en un mundo profundamente individualista, atomizado y dividido, un lugar en el que nos mezclamos socialmente, que trata de nosotros, no de yo”. Nosotros.

Eduardo Galeano reconoce que escribió El fútbol a sol y a sombra “para la conversión de los paganos”, que lo que quiso fue “ayudar a que los fanáticos de la lectura perdieran el miedo al fútbol, y que los fanáticos del fútbol perdieran el miedo a los libros”. Porque el escritor uruguayo lo que pretendió siempre al escribir sobre fútbol fue eso, dotarle de la alta dignidad de las cosas sobre las que merece mucho la pena escribir, los asuntos sobre los que más conviene leer a menudo.

Pelé, Maradona, los grandes futbolistas, son protagonistas habituales de muchas de las páginas de Cerrado por fútbol. Pepe el Gordo, el manager durante muchos años de Pelé, le cuenta a Galeano del grandioso brasileño que “si no hubiera nacido gente, hubiera nacido pelota”.


Fútbol y violencia. Es innegable, admite Eduardo Galeano, que “hay fanáticos que encuentran en el fútbol un buen pretexto para el ejercicio del crimen y en las gradas desahogan los rencores acumulados desde la infancia o desde la última semana”, pero en descargo de este deporte hay que decir como dice nuestro autor que “el espejo no tiene la culpa de la cara, ni el termómetro tiene la culpa de la fiebre. Casi nunca proviene del fútbol, aunque siempre lo parece, la violencia que a veces hace eclosión en los campos de juego”.

 

“Y también la fiesta y el luto, porque a veces el fútbol es una alegría que duele, y la música que celebra alguna victoria de esas que hacen bailar a los muertos suena muy cerca del clamoroso silencio del estadio vacío, donde algún vencido, solo, incapaz de moverse, espera sentado en medio de las inmensas gradas sin nadie”.

 

¿Por qué escribe Galeano (libros) sobre fútbol?

 

“El fútbol es el espejo del mundo y en mis libros yo me ocupo de la realidad. La realidad es una señora muy loca que habla de día y de noche también; en sus horas de vigilia y mientras duerme o se hace la dormida; en las horas del sueño y de la pesadilla. Yo soy un escuchador de sus voces: quiero escuchar lo que ella cuenta para contárselo a los demás. Por eso me interesa la realidad que fue, la que es y la que será. Y el fútbol es una parte fundamental de la realidad, siempre me pareció muy indignante que la historia oficial ignorara esa parte de la memoria colectiva que es el fútbol. Los libros de historia del siglo XX nunca lo mencionan jamás, no existe, y ha sido fundamental para la gente de carne y hueso. ¿Cómo que no existe?”

 

El autor de Las venas abiertas de América Latina considera que, al igual que hizo el escritor español Manuel Vázquez Montalbán, ha “intentado combatir los prejuicios de mucha gente de derechas, que cree que el pueblo piensa con los pies, y también los prejuicios de muchos compañeros de izquierdas, que creen que el fútbol tiene la culpa de que el pueblo no piense”.

Galeano, que dedica muchos de sus escritos a denunciar lo reprobable del fútbol en tanto que negocio capitalista (y por tanto perverso), usa a menudo el sentido del humor, de tal manera que podemos leerle que una cosa que el fútbol prueba es que “este mundo es tan absurdo que hasta contiene esclavos millonarios”. Porque él siempre prefirió la ironía, la risa, a la solemnidad. Pero sin olvidar la sesuda capacidad de análisis de quienes pretenden convencernos del delgado filo entre la realidad y el deseo:

 

“Quienes demonizan el fútbol, y lo confunden con el papá de Jack el Destripador, ejercen a veces un fanatismo tan irracional como el de los futboleros fanáticos. Y comparten el mismo equívoco de quienes creen que el fútbol no es más que un opio de los pueblos y un buen negocio de mercaderes y políticos: unos y otros hacen de cuenta que los estadios son islas, y no los reconocen como espejos del mundo al que pertenecen y expresan. ¿O podría alguien mencionar una sola pasión humana que no sea usada como instrumento de alienación y como objeto de manipulación por los poderes que en el mundo mandan?

El respeto por la realidad obligaría a reconocer que, a pesar de todos los pesares, la cancha de fútbol es bastante más que un escenario de violencia y una fuente de dinero, prestigio político y valium colectivo. La cancha constituye también un espacio de expresión de destreza, y en ocasiones de belleza, un centro de encuentro de comunicación y uno de los pocos lugares donde los invisibles pueden todavía hacerse visibles, aunque sea por un rato, en tiempos donde esa hazaña resulta cada vez menos probable para los hombres pobres y los países débiles”.

 

Claro que el fútbol es un negocio: “¿existe algo que no sea un negocio en el mundo actual?” 

Y, por supuesto, los futbolistas…

 

Dentro de algunos jugadores, juega un gentío. Algunos jugadores contienen inmensas multitudes, cuya dicha depende de sus piernas. Y cuando los discriminados, los despreciados, los condenados al fracaso eterno se reconocen en el éxito de un héroe solitario, en sus triunfos late de alguna manera la esperanza colectiva. Aunque él no lo quiera, aunque él no lo sepa, sus hazañas cobran valor simbólico y en ellas resplandece, como si estuviera invicta, la pisoteada dignidad de muchos”.

 

Cómo iba a acabar un texto sobre Galeano sin la hermosa palabra dignidad.

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