Al director y guionista estadounidense John Lee Hancock le suele pasar, por lo que veo, con los thrillers que le salen descafeinados, meros amagos deshilachados a los que se le ven las costuras, como su película de 2021, Pequeños detalles (The Little Things), cuyas algo más de dos horas de duración acaban por hacerse un pelín largas.
Ni siquiera la gran personalidad actoral de Denzel Washington resuelve la
papeleta de este film de pasados tortuosos y presentes de navaja, mucho menos
Rami Malek, empequeñecido ante su drama, ni un Jared Leto pasado de vueltas.
No estoy de acuerdo en modo alguno con el crítico cinematográfico de El
Mundo, Luis Martínez, quien dice haber visto en Pequeños detalles un
largometraje “brillante” cuya “estrategia consiste en recuperar el sabor
antiguo de lo de siempre. Gestos serios, diálogos cortados a escoplo y una
ambientación tan efectiva como cerca del desasosiego” ¿?¿?
Veo más bien en esta película lo que dice Nando Salvá en El Periódico, “una narración que se las arregla para resultar predecible y a la vez ilógica”, o lo que escribiera Irene Crespo en Cinemanía cuando afirmaba que "Hancock consigue crear ciertos momentos de tensión, de nuevo apoyándose más en sus actores que en una historia hilada con fineza o una dirección atrevida”. Porque soy de la opinión, como Blai Morell (Fotogramas), de que este cineasta “confía en que sus estrellas le saquen las castañas del fuego” y vuelve a “fingir más sustancia de la que realmente tiene”.
Por acabar ya, estoy con Owen Gleiberman, quien escribiera en Variety que es este "un thriller reciclado y poco revelador (...) Simplemente es un plato recalentado de clichés de asesinos en serie".


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