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La alienación indebida de Rafa Cabeleira


En el año 2018, la editorial Círculo de Tiza publicó el primer libro del novel periodista deportivo Rafa Cabeleira titulado Alienación indebida (con un prólogo perfectamente prescindible escrito por el gran ex jugador y entrenador Pep Guardiola), cuyos textos, salvo algunas excepciones inéditas, habían ido apareciendo anteriormente (porque para ellos fueron escritos) en El País, Jot Down, El Diario de Pontevedra o en el blog del propio autor, Damas y Cabeleiras. Dicen sus editores:

 

“Este libro es un resumen de una pasión por el fútbol, y no solo por el fútbol sino por el deporte como espectáculo y como forma de entender el mundo, y es también una mirada irónica y divertida tras la que se esconde sabiduría, humor, admiración, y afecto. El propósito es recuperar del fútbol el juego que es. Entiéndase estas páginas como un armisticio entre todos los bandos”.

 

Sabiduría, humor, admiración, y afecto. Creo que de eso hay bastante en Alienación indebida, cuyo mayor defecto es estar generalmente demasiado ceñido a la pequeña realidad de los días pasados que, cuando fueron vividos, tenían mayor importancia que cuando son leídos.


Cabeleira (“lo cierto es que no acabo de comprender esta obsesión insana que tenemos hoy en día por la verdad”) es un barcelonista más preocupado por el fútbol que por el fútbol, y me explico: más preocupado por el gusto y disfrute artístico que por el gusto y disfrute atávico del odio-odio-odio a Peter Pan. Y se agradece. Cabeleira, a quien su madre le pide de vez en cuando que recuerde “que de pequeño eras del Madrid”:

 

“Sin duda, una de las rutinas sustitutivas que más me han ayudado a sobrellevar tan anodina existencia es la de seguir los partidos del Real Madrid como si me fuese la vida en ello, como si se tratase del equipo de mis amores. Esto puede parecer contradictorio y muy poco aconsejable, al menos para un aficionado del Barça, y sin embargo es más habitual de lo que pueda parecer. El aficionado blaugrana de pura raza, el culé de verdad, el old school, se preocupa tanto o más por la imagen del conjunto blanco que los propios aficionados merengues, no digamos por la de su propio club, lo que no deja de ser una prueba evidente y maravillosa de hasta qué punto un buen barcelonista no es otra cosa que un madridista evolucionado, un madridista consciente y decente, un madridista mejor. […]

Ser un buen madridista desde el bando contrario es una de las pequeñas cosas que he descubierto me ayudan a disfrutar del día a día a coste cero sin duda alguna la droga más barata e inocua que haya consumido jamás”.  

 

Un poco de fútbol y sinrazón:

 

“Hay quien dice que la familia es lo primero, pero yo sospecho que es gente que lee demasiado, bebe infusiones y no es capaz de disfrutar de la sinrazón con la que, a menudo, abrazamos un partido de fútbol”.

 

A Cabeleira le cuadra mal, como el escritor que es, que diga eso de que “las cosas que no se dicen suelen ser las únicas importantes”. Pero estoy relativamente de acuerdo con él cuando, hablando de los nuevos teorizadores del fútbol, se pregunta: “¿quién nos convención de que la magia se puede explicar?”

También es fácil pensar que “hace tiempo que en el mundo del fútbol importa tanto lo que sucede dentro del terreno de juego como cuanto se genera fuera de él”, por eso, escribe Cabeleira, conviene recordar la letra de aquella canción de Amália Rodrigues:

 

“Canta un rufián, lloran las guitarras. Amor, celos, cenizas y lumbre. Dolor y pecado. Todo esto existe, todo esto es triste, todo esto es fado”.

 

Quizás el mejor texto de todos los que componen Alienación indebida sea el que su autor dedica al inmortal jugador brasileño Garrincha titulado ‘Yo no vivo la vida, la vida me vive a mí’. En él, se puede leer la anécdota más jugosa del libro. Atención, Garrincha y la táctica:

 

“Un día, tras escuchar a uno de sus entrenadores explicar sobre una vieja pizarra un sinfín de instrucciones que debían ejecutar para contrarrestar al contrario, Garrincha se le acercó y preguntó: ‘¿Usted ya se puso de acuerdo con los rivales para que nos dejen hacer todo eso’?”

 


Cabeleira, que se reconoce como “una viuda del cruyffismo”, se muestra verdaderamente conmovedor en su agradecimiento en la despedida del fabuloso Johan Cruyff:

 

            Pusiste la pelota por delante del miedo”.

 

El 19 de mayo de 2016 escribió Cabeleira un artículo en el que incluye uno de los repudios mejor escritos que yo haya leído de los incívicos que se acercan para beneficiarse con su execrable comportamiento del fútbol. Se titulaba ‘No me gusta la política’:

 

“El fútbol español lleva mucho tiempo convertido en un agujero negro donde se cuelan las más lamentables representaciones de la conducta humana: se vitorea un futbolista acusado de agredir a su pareja, se insulta a un colegiado por su condición sexual, se arrojan plátanos a un futbolista negro, se consienten tipos de dudoso mensaje y amplio espectro… Y nunca pasa nada. Los hay que incluso en este tipo de comportamientos y lo llaman la salsa del fútbol mientras otros argumentan que pueden ser incívicos e incluso ilegales, pero dan mucho ambiente, como quien habla de una alfombra en su salón”.

 

Que algo huele a podrido en el fútbol lo leemos por aquí y por acullá.

 

“Todos parecemos empeñados en que alguien se pregunte por qué demonios le gusta tanto un deporte cuyos principales actores denuncian podrido desde la base, especialmente cuando pierden. Tan solo el aficionado debería tener derecho a quejarse de los árbitros, a fin de cuentas, es el único que no puede influir de manera directa en el resultado”.

 

Una reflexión que me interesa mucho es la que tiene que ver con las formas de ganar y las formas de perder. Transformo yo en preguntas unas afirmaciones de Cabelira que ayudan a entender este intríngulis que está en la base del fútbol, pues lo deja en ese cruce de caminos en el que está, entre el del aficionado, el hincha, que decide suspender su necesidad de realidad, sus apetencias de la verdad, durante el tiempo que duran los partidos, y el del degustador de algo parecido a un arte.

 

            ¿”Siempre importa más el camino que el destino”?

            “¿Lo mismo da hincar la rodilla de una forma que de otra”?

 

Los aficionados, los hinchas. Me despido de Alienación indebida:

 

“La pasión irracional propia del aficionado al fútbol ese sentimiento descabellado por el que serías capaz de pegarte con todo el mundo defendiendo a un perfecto desconocido”.

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