Amapola Rodríguez fue la hija de un hombre al que la palabra dignidad le sienta como un guante, la hija de alguien quien alimenta con espíritu grandioso la palabra hombre, la expresión ser humano. A Amapola le puso tal nombre su padre por ser ese el de una flor roja y del campo, humilde. A su padre no le fue fácil llamarla así, registrarla así, Amapola, porque cuando ella nació, en el año 1921, no era habitual poner nombres así a los hijos, a pesar de que los anarquistas como él se caracterizaban por patronímicos como Acracio, Floreal…
El padre de Amapola se llamaba Melchor, Melchor Rodríguez García, y aunque a él no le gustara se le renombró como el Ángel Rojo. Y a su padre, a su poco conocida pero destacada personalidad y a su intenso recorrido vital y público, sobre todo público, el cineasta, escritor y periodista Alfonso Domingo le ha dedicado todo un documental, una película, de título Melchor Rodríguez, el Ángel Rojo, coproducido por RTVA y Argonauta Producciones.
Una
película que tiene una protagonista que encandila durante toda la proyección y
le roba la preeminencia a su padre, a quien el retrato documental de Domingo
muestra como un ser humano que, en el ojo del huracán, en medio de la debacle
de la Guerra Civil española, en medio del vendaval que arrastró a tantos hacia
la muerte, hacia la ignominia, supo personificar cuanto de edificante solemos
atribuir a la esencia de lo humano. Esa protagonista es a través de quién más
sabemos sobre Melchor Rodríguez. Esa protagonista es Amapola, que tristemente
falleció poco antes de que se pudiera exhibir la película que sobre su padre
llevaba durante años en la cabeza y en el alma Alfonso Domingo, quien ya había
escrito años antes un libro dedicado al anarquista sevillano en el que se basa
aquélla.
Melchor Rodríguez, el Ángel Rojo es, a decir de sus creadores, “una mirada
diferente a través de una persona que en medio de una guerra ejemplificó la
confianza en el ser humano, convencido que de que entre todos era posible crear
un mundo más justo”. ¿Lo es? Yo creo que sí. Domingo utiliza dos oficios con
maestría, el de cineasta y el de historiador (tamizado este por otro que así
mismo domina, el de periodista) para enseñarnos algo más que quién fue Melchor Rodríguez, algo quizás
más importante, qué hizo Melchor
Rodríguez. Sigamos para eso al propio Domingo, a quién mejor:
“Por
encima de su ideología, de su destacada lucha en la CNT-FAI en Madrid, y ‘cumpliendo el
propósito que la República le había encomendado, tratando a los presos políticos
con el respeto que se merece todo ser humano’, según él mismo declaraba, Melchor Rodríguez
salvó, desde su puesto de director general de Prisiones, a más de doce mil
personas, en su mayoría presos del bando franquista, durante la Guerra Civil española”.
Y es que de que sepamos quién fue Melchor Rodríguez se encarga Amapola, repleta de verdad y dotada de una inesperada vis cómica que es el hilo conductor de la dura realidad que habitó y protagonizó en gran medida su padre.
[…]
Gracias,
Alfonso Domingo, Gracias, Amapola.
Gracias,
Melchor.
Este texto pertenece a mi artículo ‘La Guerra Civil,
Amapola y el Ángel Rojo’, publicado el 5 de noviembre de 2016 en Nueva
Tribuna, que puedes leer completo EN ESTE ENLACE.



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