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Leer y escribir


Acabo de leer (¿tardíamente?) un delicioso libro sobre literatura, sobre la lectura y la escritura (pero sobre todo sobre la lectura), que consigue su principal objetivo: que uno se divierta cuando lo lee aprendiendo lo que ya sabía y recordando cuanto ignoraba respecto del placer de leer.

Saber de libros sin leer: es fácil hablar de libros que no has leído fue escrito por uno de esos eruditos que no consigue engañarnos y hacernos creer que es un advenedizo al que le publican todas sus ocurrencias, el crítico literario británico Henry Hitchings. Publicado originalmente en 2008 con el título How to Really Talk About Books You Haven't Read, a guide to books and literary erudition, tres años más tarde apareció la traducción al español de Eva Robledillo.

Pese a que aquello de que los libros son enriquecedores y esenciales suena empalagoso, estoy también con Hitchings cuando escribe que…

 

“La literatura puede ayudarnos a dar sentido a lo cotidiano, puede permitirnos encontrar nuestro lugar en el mundo (me arriesgaría incluso a afirmar que puede ayudarnos a encontrar nuestra alma) y nos puede capacitar para visualizar en mayor profundidad la estructura de nuestros sentimientos y percepciones al reconocer las experiencias del personaje de una novela, esa identificación ayuda a que nos conozcamos a nosotros mismos. Y aún más, el libro se convierte en parte de ese conocimiento. Las obras literarias que más aportan al conocimiento de uno mismo forman parte de nuestra historia personal, tan importantes como las experiencias reales, y la recomendamos con intensidad”.

 

¿Qué es leer? Menuda pregunta.

 

“Leer es uno de los placeres de la soledad, y sus recompensas son principalmente egoístas”.

 

No cabe duda de que esto último, el placer egoísta (¡cómo si no!) de la soledad, es algo “difícil de transmitir a quienes no lo han probado”, pues “por mucho que quieras no puedes enseñar a alguien el arte de estar solo”.

Seguramente, no obstante, seamos demasiado respetuosos con los libros, demasiado reverentes con la lectura. La escritora Jean Rhys escribió en una ocasión que “leer nos hace inmigrantes a todos, nos lleva lejos de casa, pero lo más importante nos encuentra un hogar en todas partes”. Sin embargo, Michel de Montaigne, algunos siglos antes, se empeñó en incitarnos a pensar que los libros no son sagrados: “si me aburre un libro [contaba], empiezo otro y me pongo a leer solo en aquellos momentos en los que comienzo a estar cansado de no hacer nada”.

Dicho lo cual, “para quienes están habituados a leer los libros pueden exaltar los sentidos a anestesiarlos, ejercitar la mente, aunque también engañarla”.


¿Es la lectura escapismo?
No exactamente, pues, como Hitchings puntualiza, la palabra escapismo “degrada la propia experiencia”: de ser la lectura escapismo lo que es es “una vía de escape hacia la vida, no una forma de huir de ella”.

 

“La lectura es capaz de dejar totalmente absorta a la gente en su grado más sublime. La concentración que exige no supone ningún esfuerzo y la comprensión parece automática. Puede compararse con el acto de comer y beber. Degustamos los libros y cuando nos metemos más a fondo en ellos nos hacemos una idea de su aroma, de sus sabores más sutiles, de su regustillo. Algunos lectores son glotones mientras que a otros les gusta comer a mordisquitos”.

 

¿Qué es escribir? Otra pregunta que se las trae.

 

“Escribir es un arte. Es un proceso. Es una droga. Es un código. Es un viaje. A menudo es una hazaña basada tanto en la mecanografía como en la invención. Es una conversación. Es una carta de amor al resto del mundo. Es un acto de descubrimiento. Es una negociación entre autor y lector. Es a la vez una disciplina y una forma de libertad. Toda escritura es creativa. Toda escritura es personal. Toda escritura es reescritura”.

 

Más preguntas: ¿para qué escribimos?

 

“Escribimos para liberar nuestra mente. Escribimos para revelarnos y también para enmascararnos. Escribimos porque al hacerlo aprehendemos mejor la vida”.

 

Hay en Saber de libros sin leer… demasiada ironía, una causticidad que se destila a raudales pero que, como está sabiamente administrada, ayuda a reflexionar desde su provocativa prosa ensayística. Y una buena muestra es este párrafo:

 

“En realidad, la primera regla es esta: relee todo lo que escribas y cuando encuentres algo que te impresiona especialmente, bórralo”.

 

Y la última pregunta…

¿Para qué leemos? Hitchings trata de responder con su extrema habilidad para entender unos hábitos que conoce muy bien y así explicárnoslos, una vez más:

 

“Leer nos libera y de un modo más sutil puede ayudarnos a mejorar la comprensión que tenemos de nuestra propia mente. Tal vez leamos para evaluar nuestros principios, es decir, para ponerlos a prueba o para ponerlos al límite y reforzarlos. Además, nos permite probar experiencias que de otro modo no podríamos saborear nunca. También mantiene activa la mente aguzando el pensamiento. Cuando muera la lectura, morirán con ella nuestras identidades”

 

En cualquier caso, el autor de Saber de libros sin leer… lo tiene muy claro:

 

“Leo porque me satisface”.

                                                                        [arte de Javier de Juan]

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