Uno de mis álbumes de fotos en Facebook se llama Reflexiones irreflexivas, estas son algunas de las más recientes. No, no son gran cosa.
Se conoce que hay quien no tiene palabras para (de)mostrar la estulticia de
VOX y necesita gritar(les) la palabra FASCISTA para impedirles decir sus tonterías.
Esas tonterías que convencen a tantos imbéciles. Imbéciles los unos...
IMBÉCILES LOS OTROS.
El discurso de VOX es un discurso de imbéciles para imbéciles.
Imbéciles que saben muy bien serlo para imbéciles que no saben que lo son.
LA IZQUIERDA NO CONVENCE (casi nunca) A LOS MÁS DESFAVORECIDOS
¿Cómo puede ser posible, señores y señoras políticos y políticas de izquierda,
que no seáis capaces ni capazas de convencer, SIEMPRE Y EN TODOS LOS LUGARES, a
la mayoría de los votantes y votantas, de que la verdad está de vuestro lado y de
que la altura moral de la igualdad de oportunidades, la redistribución de la
riqueza (para favorecer a los maltratados por la realidad) y la auténtica
libertad es superior a la del orden basado en privilegios legitimados por el
mero transcurso de la historia y a la de la falsa libertad de quienes más y
mejor pueden disfrutarla?
¿SERÁ ASÍ?
No todo vale para oponerse al extremismo derechista y al extremismo de los
tiburones. Esa es la supremacía moral de la izquierda. Por eso gobierna
tan a menudo la derecha.
Al final, la Gran Pandemia nos ha enseñado que ser de derechas
es que te preocupe más una crisis económica que una crisis sanitaria. Que te
preocupe por encima de todo lo que esta marabunta ha generado como pérdida de
recursos (momentáneos), muy por encima de lo que supone como pérdida de vidas
(eterna). Así, a lo bestia.
CONTRA EL CHANTAJE EMOCIONAL TAN MANIDO DEL 'SUPREMACISMO MORAL' [ante las
elecciones autonómicas madrileñas del 4 de mayo de 2021]
"Es difícil, pero no imposible. No todo está perdido para la izquierda
si esa mayoría de madrileños que no cree que los inmigrantes sean violadores,
que no cree que la libertad consista en tomar cañas, que no cree que los
impuestos con los que se pagan los servicios públicos sean comunismo, se
moviliza y sale a votar".
Miguel Ángel Aguilar
ELECCIONES Y DEMOCRACIA
Para mí se trata de impedir que quienes no confían en lo que la gente
quiere sean quienes decidan lo que la gente merece.
La verdad histórica no existe. Lo que existe es la Historia y su decidida e
inequívoca pretensión de verdad. La Historia no es arbitraria, pero tiene que
saber que en tanto que es escrita por humanos no puede ser objetiva. Tampoco
debería importar. Lo explico en mi libro LA HISTORIA: EL RELATO DEL
PASADO.
Que no te recuerden el pasado. Que te lo expliquen.
La historia no hay que RECORDARLA, lo que hay que hacer es ENTENDERLA. Para
eso está la Historia.
HACE CINCO AÑOS le explicaba a mi hijo Arturo que nunca hay que esperar a
la inspiración (hablábamos de escribir pero sirve para cualquier actividad). Le
decía que a la vida no conviene aguardarla. Que hay que ir siempre a por
ella. En su busca. Luego pensé que ya se encargará ella las más de las veces de
darnos sus topetazos. Pero de antemano sigo creyendo que nosotros hemos de
salir cada día a bebérnosla. Como hoy ya yo mismo estoy dispuesto a hacer con
ella. Incluso sin que la luz sea la propicia yo sé que la vida no podrá
conmigo.
¿Todos llamamos gurús a los especialistas que dicen muchas
cosas novedosas que no nos gustan sobre los asuntos que nos interesan?
Hasta que no te acusen de blanquear la equidistancia no eres nadie.
A los que les gustaba ver cómo a Maradona le freían a patadas, a los que se
pirran por un Madriz-Elche, a quienes lo que les encanta es ver jugar en los
parques: no os vengáis tan arriba, eso no va a morir. Al revés, ese pasado
espléndido tiene vuestro aliento megadigno detrás para soplarle al viento de la
historia y alejar todos los vientos de cambio de vuestra alma de madera
líquida. Me va a quedar un libro sobre EL FÚTBOL de categoría, ya os lo
digo.
Todos somos nosotros. Somos una patraña molona.
Mucho mejor que lo malo. Adolecemos de realidad. Y al ignorarlo, nos
convertimos en lo que creemos.
[arte de Amalia Avia (Farmacia de San Andrés, 1989)]

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