El músico británico Pete Townshend publicó en 2012 Who I Am: A Memoir, donde podemos leer este análisis elogioso de la figura del genial músico estadounidense Jimi Hendrix, a quien, recién llegado a Londres y sin saber absolutamente nada de él, ayudara a encontrar unos amplificadores apropiados: esa fue, tal y como reconoce, su gran aportación a la obra del brillante guitarrista.
(Parker, Ellington y Armstrong y Jimi.)
“Ver tocar a Jimi en sus
primeros conciertos también me planteaba un reto como guitarrista. Jimi tenía
los dedos ligeros y experimentados de un concertista de violín; era un
auténtico virtuoso. Pero había algo más en Jimi: había abrazado el blues
con el gozo trascendente de la psicodelia. Era como si hubiera descubierto un
nuevo instrumento en un mundo nuevo de impresionismo musical. En el escenario
desplegaba todo ese poderío y virilidad, pero sin atisbo de violencia.
Era un intérprete hipnótico.
Dudo un poco al describir lo extraordinario que era verlo actuar, porque no
quisiera que sus legiones de jóvenes fans sintieran lo que se han perdido.
Todos nos hemos perdido algo. Yo me perdí a Parker, Ellington y Armstrong. Y si
uno no vio a Jimi en vivo, sin duda se perdió algo muy, muy especial. Verlo en
carne y hueso evidenciaba que se trataba de algo más que un gran músico. Era un
chamán, al tocar parecía que un brillo luminoso y colorido emanara de las
puntas de sus dedos largos y elegantes. Cuando fui a verlo tocar, no tomé
ácido, ni fumé o bebí, de modo que puedo informar en honor a la verdad de que
obraba milagros con la Fender Stratocaster, que tocaba invertida (Jimi era
zurdo).
Después de ver a Jimi en vivo,
me costaba disfrutar de las grabaciones, que palidecían en comparación. Las
excepciones eran All Along the Watchtower y Voodoo Child, ambos
temas de una sesión de 1968. Eddie Kramer había sido el ingeniero de sonido de
todos los discos de Jimi, pero las sesiones de Electric Ladyland fueron
las primeras, en Nueva York, donde Jimi y Eddie sintetizaron aquella sonoridad
etérea indefinible con que los poderes chamánicos de Jimi podían expresarse
finalmente en vinilo”.
Y Jimi, Eric y Stevie por Pete…
“La aparición de Jimi Hendrix
intensificó mi necesidad musical de demarcar un terreno propio. Hasta cierto
punto, las actuaciones de Jimi eran deudoras de las mías —el acople, la
distorsión, la teatralidad escénica—, pero su genio artístico radicaba en el
sonido que había creado él mismo: soul psicodélico, o lo que yo llamo «blues
impresionista». Eric hacía algo parecido con Cream y, en 1967, la banda de
Stevie Winwood, Traffic, iba a lanzar Mr. Fantasy, que planteaba otro
reto asombroso. Los músicos que me rodeaban parecían estar elevándose en una
colorida nave espacial alimentada por la nueva inspiración musical de Jimi,
Eric y Stevie; y, con todo, las composiciones psicodélicas de Jimi, Eric y
Stevie seguían hondamente arraigadas en su formación de blues y rhythm and
blues”.


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