Se ve que la cineasta estadounidense Tamara
Jenkins realiza una película cada década. Lleva tres y la primera que yo he
visto, realizada en 2018, es Vida privada (cuyo título original
es Private life). Las otras dos son de 1998 (Colgados en Beverly Hills) y
2007 (La familia Savages), respectivamente.
No sólo dirigida por Jenkins, sino también
escrita por ella (como las dos anteriores), Vida privada es una película (de dos horas de
duración) cargada de la intensidad vital necesaria a la que el tono de
comedia la sitúa en una dimensión distinta sin que uno se sienta
menospreciado por ello: algo de mérito. De mérito artístico notable. Es un
largometraje espléndida y comedidamente interpretado por un Paul Giamatti de
nuevo sensacional, muy bien acompañado por tres actrices que junto a él
componen un espectáculo sencillamente apetecible: Kathryn Hahn, Kayli
Carter y Molly Shannon.
Gracias entre otras cosas, también, a la
hermosa fotografía de Christos Voudouris, Vida privada es una
muestra más de lo interesante que puede ser contemplar la compleja vida
normal de la compleja gente normal.


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