¿Hay algo más triste que el hecho de que no te haga gracia una comedia de Billy
Wilder?
De más de dos horas de duración, sólo soporté la primera, y quizás ni eso. Un
Gary Cooper inane, quizás avejentado, mal avejentado, una Audrey
Hepburn demasiado Audrey Hepburn antes de ser ese mito que sigue siendo Audrey
Hepburn, un Maurice Chevalier… ¿qué se puede decir de una película en la
que salga Chevalier?
Ariane es como se tituló en España la película estadounidense de 1957 Love
in the afternoon, dirigida y escrita por Wilder (ayudado en el guion
por su habitual colaborador I.A.L. Diamond, para adaptar, muchísimo, me
temo, la novela Ariane, jeune fille russe, de Claude Anet, publicada en
1920).
De más de dos horas de duración, sólo soporté la primera, y quizás ni eso. Un
Gary Cooper inane, quizás avejentado, mal avejentado, una Audrey
Hepburn demasiado Audrey Hepburn antes de ser ese mito que sigue siendo Audrey
Hepburn, un Maurice Chevalier… ¿qué se puede decir de una película en la
que salga Chevalier?
Los chistes de Ariane son muy flojos, y encima su ámbito es un París
estereotipado carente de toda emoción. Ya digo, pocas cosas hay más tristes
que sentarte a ver una película de Billy Wilder y no ser capaz de acabarla. Quizás
la verdadera tristeza lo sea (más triste que no acabar de ver un film de
Wilder, digo), porque a veces nos ponemos muy flamencos con nuestros dioses.
(Por cierto, hay alguna otra película de Wilder que no me gustó, pero, al
menos, la soporté completa.)

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