El
periodista musical británico Jason Draper escribió Los Rolling
Stones: inédito, un libro muy ilustrado publicado en 2007. En su prólogo, el también
periodista musical británico Paul Du Noyer, alguien
para quien el rocanrol les pertenece a los Rolling Stones, que son sus
propietarios “y todos los demás lo único que hacen es tomarlo prestado”, resume
lo que quiera que sea el legendario grupo así (con mi ayuda, que a su vez
extraigo lo mejor de ese análisis):
“Los Rolling Stones son la esencia
irreductible de la música rock y su asombrosa historia todavía no ha concluido. Durante
el recorrido de su carrera han sido casi todo lo que el rock ha representado:
desde la rebelión provocadora hasta la respetabilidad empresarial (los Stones
han sido pioneros en los negocios en la misma medida que visionarios
musicales).
Llevaron la música rock y la cultura que esta inspiraba a extremos aún no explorados: desde entonces algunos han llegado más lejos pero los Stones fueron los primeros en hacer muchas de aquellas cosas, o bien de un modo tan memorable o con un salero tan inimitable que los otros simplemente seguían sus huellas, con la excepción por supuesto de que la mayoría de los que intentaron seguir los pasos de los Stones se perdieron por el camino para acabar cayendo en el abismo del olvido o la autodestrucción.
Encarnan ambos lados del mito del rocanrol: son capaces de abarcar la muerte y el apocalipsis y, aun así, como todos aquellos de nosotros que amamos su música podemos atestiguar, constituyen una poderosa experiencia de afirmación vital.
Inmortales en la medida en que sus mejores canciones lo sean, los grandes conciertos en vivo siguen conformando el núcleo de la existencia de los Rolling Stones. Verlos tocar constituye una obligación: es literalmente algo que todo el mundo debería hacer al menos una vez en la vida”.
Yo vi por fin a los Rolling Stones el día 27
de junio de 2003, con mi hermano: en el Vicente Calderón. Les telonearon The
Pretenders, la banda roquera de Chrissie Hynde, a quienes yo ya había visto
cuando actuaron en el concierto de U2 de 1987 en el Santiago Bernabéu.
Draper sobre el
elepé Some girls, publicado en 1978 (y comenzado a grabar en
octubre del año anterior):
“Dado que el punk se había hecho con la conciencia del rock el año
anterior, el nuevo disco de los Stones (para el nuevo sello, EMI) tenía que ser
algo increíble. Era el primero con Ron Wood como miembro a tiempo completo,
hacía incursiones en la música disco el punk y el rock total; infundió un nuevo
vigor a sus debilitadas fortunas, a sus energías y a su ahora envejecido
público. Salvó su carrera y fue de hecho su álbum más vendido. Curiosamente
supuso la primera vez en quince años en la que Keith añadió la s a su
apellido desde que Andrew Loog Oldham le había sugerido que la quitara en 1963
para que sonora más a Cliff Richard”.


Comentarios
Publicar un comentario
Se eliminarán los comentarios maleducados o emitidos por personas con seudónimos que les oculten.