El oficial y el espía es un peliculón. Es una de esas películas de dos horas en las que un
cineasta te cuenta algo que ya sabías con el detalle preciso (exacto) para que
no se te olvide que lo que estás viendo es una obra de arte, no una lección de
Historia.
J'accuse es su título original (¿recuerdas el artículo de Zola a finales del
siglo XIX por el llamado asunto Dreyfus?) y la dirigió en 2019 el gran
cineasta que sigue siendo Roman Polanski, con un guion escrito por él mismo y
por el escritor británico de best sellers a modo de thrillers
históricos Robert Harris, adaptando una novela de este último del año 2013 titulada
An Officer and a Spy (en efecto, casi como el título en español del
film).
La fotografía brillante de Pawel Edelman subraya permanentemente la
categoría artística de lo que vemos en esta producción francesa, que es una
reconstrucción cinematográfica de unos hechos históricos que mereció
algunos premios aquel año, como el Gran Premio del Jurado y el Premio FIPRESCI
en el Festival de Venecia y los Premios César (de la Academia francesa de Cine)
al Mejor Director, Mejor Guion adaptado y Mejor Vestuario.
La verdad, el honor, la dignidad, la confianza pública, los valores
nacionales, el odio insensato (antisemita, en este caso)… Pero, sobre todo, el
deber individual enmarcado en la convivencia civil. Eso es lo que se resalta
mediante un subrayado monumental en El oficial y el espía, que cuenta
con unas interpretaciones excelentes a cargo de un reparto encabezado por un
brillante Jean Dujardin, muy bien acompañado por Louis Garrel, Emmanuelle
Seigner, Grégory Gadebois, Hervé Pierre, Wladimir Yordanoff, Didier Sandre,
Melvil Poupaud, Eric Ruf, Mathieu Amalric, Laurent Stocker, Vincent Pérez o
Michel Vuillermoz.
Y ahora… unas risas. Esto que sigue
(y que de alguna manera titula mi reflexión sobre J’accuse) es lo que,
respectivamente, escribieron dos críticos cinematográficos sobre la película (Víctor
Esquirol para el excelente sitio en internet FilmAffinity y Luis
Martínez para el diario El Mundo. Resalto, en cursiva, lo irrisorio):
"Un Roman Polanski solvente en la narración de una investigación que
engancha, primero por su tratamiento detallista, y después por su incansable
búsqueda de la verdad. Lo que pasa es que este gran ejercicio de intriga
histórica huele mucho a pasar cuentas -personales- con el presente.”
"La última y quizás más desvergonzada explicación de sí mismo.
(...) Una preciosa y preciosista película de espías (...) el más enfermizo
monumento al egocentrismo."


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