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EDUCANDO, QUE ES GERUNDIO (toma siete)

La violencia de género, aquella ejercida habitualmente por un varón contra una mujer, se sustenta, viene motivada, amparada si se quiere, entre otras causas menos importantes, por la vigencia del modelo de dominio y sumisión reproducido durante milenios por el sexismo, tan presente continuamente en muchos aspectos cotidianos que es a menudo difícil de descubrir.
El sexismo reproduce ese modelo al identificar los valores masculinos con el dominio y los valores femeninos con la debilidad y la sumisión.
Una manera adecuada, al alcance del sistema educativo, de prevenir la violencia es enseñar a detectar el sexismo para, poco a poco, sustituir el modelo de dominio y sumisión por la igualdad y el respeto mutuo.
Dado que el sexismo resultar difícil de descubrir es, al mismo tiempo, difícil de superar. Pero el sistema educativo sabe dotarse de actividades y contenidos específicamente dirigidos a superar el sexismo para acabar con el modelo de dominio y sumisión. Señores profesores, ahí tienen trabajo. Pero no están solos.


El problema son los contenidos, esa es la cuestión: ¿qué hay que enseñar, qué hay que aprender? Pero hemos comenzado por revolucionar cómo hay que enseñar, cómo se ha de aprender. ¿Algo es algo?


Para el profesor Antonio Rodríguez, "una de las crisis que vive la educación es la ‘no presencia’ (distinto de ‘ausencia’) de los protagonistas del acto educativo, porque pesa más el qué y el cómo que los quiénes.”
Hay una ‘no presencia’ de los alumnos, “‘expulsados’ del sentido del aprender por tener que sufrir una escuela en la que se vive para conocer y no se conoce para vivir”. Una escuela en la que el aprendizaje es un proceso de conocimiento “donde prima más lo verbal que lo ejecutivo y donde pesa más el reaccionar que el actuar, convirtiéndose el acto educativo, como diría el psicólogo Urie Bronfenbrenner, en la extraña conducta de un niño extraño (y añado yo, extrañado) con un adulto extraño en una situación extraña”.
Y hay una ‘no presencia’ del maestro, “cuando su ‘pre/post-ocupación’ se centra en el antes y el después del acto educativo, por delante del aquí y el ahora del enseñar y aprender. El maestro convertido en un profesional del programar (antes) y el evaluar (después) y no como un facilitador, a través de la enseñanza, del aprender (ahora).”


¿Existe una bondadosa influencia de las emociones sobre el razonamiento?

No hay aprendizaje sin afecto. Aprendemos por la emoción. Las emociones son el factor más importante del aprendizaje, una fuerza fundamental. “No se ve bien sino con el corazón; lo esencial es invisible a los ojos”, escribió Antoine de Saint-Exupéry.

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