LOS HISTORIADORES SABEMOS QUIÉN ES EL ASESINO
“Los historiadores escribimos de forma retrospectiva,
no prospectiva, una vez creemos saber cómo terminaron las cosas. Por eso nunca
podemos dar por concluida nuestra labor, reescribimos porque el pasado nunca
deja de pasar. Suele decirse, y es cierto, que a diferencia del detective e
incluso del juez sabemos quién es el asesino y que ese descubrimiento nos
permite atribuir determinado significado a lo ocurrido. Eso no ocurre porque el
desvelamiento haga irremediables todas las acciones anteriores, no sucede
porque ahora descubramos su propósito oculto, sino porque es ese final y no
otro el que las reordena. Pero el colofón nunca es definitivo, pues nuevos
hechos, diferentes procesos, variadas experiencias irán reafirmando un sentido
o una perspectiva, o rescatarán otros distintos, nuevos u olvidados.
Por eso reclamamos siempre la distancia; la procuramos
para entender que nuestro antepasado nos rehúye, que hemos de acercarnos a él
con sus categorías, pero la pretendemos para ganar en profundidad, en complejidad”.
Anaclet Pons
La plaza madrileña junto a la que llevo viviendo casi
toda mi vida (Beata María Ana de Jesús) fue en su terrible momento uno
de los escenarios de algo tan abominable como una destructiva guerra civil que
si algo nos ha enseñado es que la convivencia es mucho más importante que el
deseo y el trauma, mucho más que el miedo y la fascinación por el odio, mucho
más que dejarnos llevar por las apariencias del pasado y las infundadas
destrezas del futuro.
LA VERDADERA polémica historiográfica actual que ha
llegado a extenderse por doquier en España no es la que se daría entre
imperiofóbicos e imperiofílicos, la AUTÉNTICA es la que se produce entre la
Historia y el saqueo interesado del pasado. Esos son los términos de dicha
polémica.
La culpa de la movida esta tan tocha de la tal Elvira
Roca es de los historiadores. De todos. Entre los que me incluyo. No sólo
nuestra, claro. No hay una única causa ni un único responsable o culpable nunca
en esto de la realidad derrotada a fuerza de dejarles la palabra a los
mentirosos.
“La gestión de la memoria consiste precisamente
en la difusión del saber alcanzado, en llegar a expandir los conocimientos del
pasado, ya sea por el sistema educativo, ya por medios editoriales entre el
gran público, con lo que el historiador adquiere la dimensión del traductor, esto
es, de comunicador entre los vivos del presente y los muertos del pasado, de
divulgador de los resultados de los especialistas con otras disciplinas y con
el público”.
Juan Sisinio Pérez
Garzón, Usos y abusos de la Historia.

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