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Pensando históricamente (toma quince)

LOS HISTORIADORES SABEMOS QUIÉN ES EL ASESINO
“Los historiadores escribimos de forma retrospectiva, no prospectiva, una vez creemos saber cómo terminaron las cosas. Por eso nunca podemos dar por concluida nuestra labor, reescribimos porque el pasado nunca deja de pasar. Suele decirse, y es cierto, que a diferencia del detective e incluso del juez sabemos quién es el asesino y que ese descubrimiento nos permite atribuir determinado significado a lo ocurrido. Eso no ocurre porque el desvelamiento haga irremediables todas las acciones anteriores, no sucede porque ahora descubramos su propósito oculto, sino porque es ese final y no otro el que las reordena. Pero el colofón nunca es definitivo, pues nuevos hechos, diferentes procesos, variadas experiencias irán reafirmando un sentido o una perspectiva, o rescatarán otros distintos, nuevos u olvidados.
Por eso reclamamos siempre la distancia; la procuramos para entender que nuestro antepasado nos rehúye, que hemos de acercarnos a él con sus categorías, pero la pretendemos para ganar en profundidad, en complejidad”.
Anaclet Pons


La plaza madrileña junto a la que llevo viviendo casi toda mi vida (Beata María Ana de Jesús) fue en su terrible momento uno de los escenarios de algo tan abominable como una destructiva guerra civil que si algo nos ha enseñado es que la convivencia es mucho más importante que el deseo y el trauma, mucho más que el miedo y la fascinación por el odio, mucho más que dejarnos llevar por las apariencias del pasado y las infundadas destrezas del futuro.


LA VERDADERA polémica historiográfica actual que ha llegado a extenderse por doquier en España no es la que se daría entre imperiofóbicos e imperiofílicos, la AUTÉNTICA es la que se produce entre la Historia y el saqueo interesado del pasado. Esos son los términos de dicha polémica.

La culpa de la movida esta tan tocha de la tal Elvira Roca es de los historiadores. De todos. Entre los que me incluyo. No sólo nuestra, claro. No hay una única causa ni un único responsable o culpable nunca en esto de la realidad derrotada a fuerza de dejarles la palabra a los mentirosos.
“La gestión de la memoria consiste precisamente en la difusión del saber alcanzado, en llegar a expandir los conocimientos del pasado, ya sea por el sistema educativo, ya por medios editoriales entre el gran público, con lo que el historiador adquiere la dimensión del traductor, esto es, de comunicador entre los vivos del presente y los muertos del pasado, de divulgador de los resultados de los especialistas con otras disciplinas y con el público”.
Juan Sisinio Pérez Garzón, Usos y abusos de la Historia.

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