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Samanta Schweblin y la literatura sin distancia de rescate


La escritora argentina Samanta Schweblin publicó su primera novela en 2014. No era su primer libro, los anteriores fueron libros de relatos, y esta primera novela suya es de algún modo un relato largo, una novela breve si acaso. Su título, Distancia de rescate.

Avalada nada más y nada menos que por el mismísimo Mario Vargas Llosa, quien no sólo la ha augurado una brillante carrera sino que ha escrito de ella que es ya “una de las voces más prometedoras de la literatura moderna en lengua española”, Schweblin nos deja a menudo sin aliento cuando leemos su Distancia de rescate, es un decir, pero sobre todo nos convence del difícil arte que puede llegar a ser la literatura cuando se quiere con ella mostrar una y otra vez ese sortilegio suyo por medio del cual alguien logra embaucarnos con las trampas de la verosimilitud hilada con plata y fuego.

Es esta una novela que camina hacia el hermético ámbito en el que “las cosas ya no suceden” y el silencio sigue. Una novela inquietante con un final incomprensible. Un esfuerzo literario a menudo asombroso, al que únicamente su brevedad le salva de ser otro exagerado intento por ser más importante que la propia literatura, tan sencillamente simple ella en su íntima esencia.
Porque cuando acabé de leer su novela, creo que me quedé fuera de la distancia de rescate. De su distancia de rescate.

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