“M. Night Shyamalan hace cine. Es un director de cine que hace
cine. Algo que no se puede decir siempre. Porque, aunque los directores de cine
dirigen películas, no siempre consiguen hacer cine”. Eso es lo que escribí
cuando quise explicar por qué la película Múltiple
estuvo a punto de parecerme una película excelente.
Tras ver la tercera y última entrega de la trilogía estadounidense
Unbreakable, iniciada en 2000 con El protegido (cuyo título original no en
vano era Unbreakable) y cuya segunda
entrega, la citada Múltiple, se
estrenó en 2017, los ciento treinta minutos de Glass acaban por ser, para mí, un remate correcto de la idea que
tenía el director de su propia obra como homenaje del arte de la historieta,
del llamado cómic, del cómic de
superhéroes, claro está. Un remate correcto, pero matizo: un remate
correcto para cubrir las intenciones artísticas del otras veces genial M. Night
Shyamalan (absoluto creador en tanto que guionista y director de las tres pelis
de la trilogía) y aquí simplón, casi plúmbeo, pintor de brocha gorda amparado
en las fantasías juveniles de algunos auténtico friquis. Friquis como él. Es lo
que tienen los artistas que juegan a ser genios siéndolo o no.
Me salí
de la película. No recuerdo en qué momento hui de ella sin dejar de verla. Ni
los tres protagonistas de Unbreakable
(hablo de la trilogía), James McAvoy, Bruce Willis y Samuel L. Jackson (cada
uno aparece en dos de las tres pelis de la serie), ni los demás actores, no
desde luego una Sarah Paulson acartonada para cumplir las indicaciones
comiqueras del director, ninguno de ellos, ni siquiera el ya aquí muy cargante
McAvoy, logran que me crea nada de lo pretendidamente creíble desde el punto de
vista cinematográfico encerrado en una película desquiciada, sin gracia,
infantil en el peor sentido de la palabra.
Tal vez la mejor manera de disfrutar del arte de los tebeos (de
los cómics) sea leerlos. Porque para quienes vemos una clara línea entre la
credibilidad del tebeo, de la historieta, y la que necesita una película
creemos que el cine precisa de personajes tallados con un arte que no es el que
talla las figuras juveniloides de los cómics. No sé. Creo.
Y sí, los críticos cinematográficos que alabaron sin reparos Glass aciertan cuando reconocen una
nuevamente brillante puesta en escena, la propia consciencia de sí misma de la
peli, la intriga y la espectacularidad, “el uso de un lenguaje único e
impredecible de un cineasta”, como escribiera Janire Zurbano en Cinemanía, rematando su plan maestro…
Pero todo eso, ante mis ojos, ante mis oídos, anti mi consciencia toda, quedó
en una vulgar película de superhéroes que vuelve a plantear la propia anomalía
de esos superhéroes en el interior de una sociedad civil democrática.



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