Una
expedición reafirmó en 1542 tus
derechos sobre las islas asiáticas descubiertas
por Magallanes, y el archipiélago fue llamado Filipinas en honor del príncipe heredero de Carlos I, el futuro rey
Felipe II.
Veintitrés años más tarde, una expedición partió del virreinato de
Nueva España al mando de Miguel López de Legazpi para fundar colonias en
aquellas islas y, en 1571, se estableció la capital de aquella dependencia
insular en la ciudad de Manila, en la isla de Luzón, cuyo puerto adquirió un
valor considerable para la economía hispánica al facilitar las relaciones comerciales
entre Nueva España y China y Macao, por medio del llamado Galeón de Manila, si bien el
contrabando acabó por hacerse casi con la mayoría de aquellos recursos, que
fueron a parar especialmente a manos de los numerosos emigrantes chinos establecidos
en las principales ciudades filipinas.
Poco atendidos por tus gobernantes
debido a la escasa rentabilidad aportada para los intereses coloniales de una
metrópolis que se precie, en la segunda mitad del siglo XIX la identidad
nacional de los filipinos ya había aparecido en todo su esplendor en la
realidad del archipiélago. Cuando en 1898 estalló la Guerra
Hispano-estadounidense todo se precipitó y, derrotada, España, cediste Filipinas
al nuevo rico vencedor.
Este texto pertenece a mi libro ¿Qué eres, España? (Sílex ediciones, 2017)

Comentarios
Publicar un comentario
Se eliminarán los comentarios maleducados o emitidos por personas con seudónimos que les oculten.