Entre dos aguas,
de Isaki Lacuesta, es una película
de ficción que parece un documental de verdad. Un documental lleno de verdad
que en realidad es una invención magnífica que nada entre las dos aguas del
título como si fuera una sublime interpretación marismeña de Paco de Lucía.
Miénteme Lacuesta. Miénteme con más balas de tranquilidad.
"La verdad de Entre
dos aguas es ficción.”
Eso escribió Andrea G. Bermejo en Cinemanía sobre Entre dos
aguas, una película española estrenada en 2018, de 136 minutos de duración,
escrita por su propio director junto a Isa
Campo y Fran Araújo, interpretada principal y sorprendentemente por los
hermanos Israel Gómez Romero y Francisco
José Gómez Romero. Y digo sorprendentemente
porque siendo ellos mismos y siendo al mismo tiempo otros, estos actores no
profesionales dicen con sus miradas (sus palabras están habitualmente mal dichas, son ininteligibles, pero eso
es otro asunto que daría para un ensayo) demasiadas
verdades conmovedoras o simplemente humanas, las verdades de quienes viven en
el lado salvaje de la opulencia occidental, en sus límites básicos, sencillamente
indocumentados con documentos.
Con Entre dos aguas,
rodada doce años después de La Leyenda del Tiempo, con sus
mismos personajes y actores, Isaki Lacuesta regresa a la gaditana San Fernando y a sus paisajes de agua y
esperanza, de mareas y desesperanza, de caños y memoria. El film fue nominado
aquel año 2018 a los Premios Goya (Mejor
película y Mejor director), obtuvo la Concha de Oro (Mejor película) del Festival
de San Sebastián, el premio a la Mejor película y Mejor actor (Israel Gómez
Romero) en el Festival de Mar del Plata, el Premio especial en los Premios
Feroz y siete galardones, incluyendo Mejor film en lengua no catalana y Mejor director,
en los Premios Gaudí. Y no me
extraña.




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