Una plegaria: si existe Dios no quiero saberlo, no podría rezarle, esta plegaria es para quienes pusisteis en funcionamiento ese surtidor inagotable pero no eterno que alimenta mi ansia. Hombres que oprimíais a vuestras mujeres, a otros hombres; hombres que enseñasteis a mirar a vuestros hijos; mujeres que fuisteis seguramente una efímera geología en aquel ámbito estrecho de vuestras estrecheces domésticas, una efímera geología admirable capaz de vaciarse completa para perseverar en ese camino incomprensible hacia donde por ahora yo ahora os rezo esta plegaria. Dadme más respiración de la que me quede aún, mostradme por dónde no se puede ir nunca hacia el porvenir, decidme las palabras que os sonaron siempre como dichas para la dicha, abrazadme con todas las fuerzas que no supe asumir en todos estos años en que os eché de menos sin saberlo.
Y cuando regreséis a aquellos tiempos pretéritos en que quedasteis congelados, encended para mis ojos una luz con la que yo pueda saber siempre que no habéis sido un sueño. Una luz que permita que yo no olvide de dónde vengo, aunque no quisiera jamás tener que vivir aquello que vosotros fuisteis.
Este
texto pertenece al artículo ‘Una
plegaria’, publicado el 30 de junio de 2019 en Periodistas en Español,
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