En la novela Limónov, de Emannuel
Carrère, podemos leer la magnífica explicación de la transición rusa desde la
dictadura soviética a lo que quiera que sea Rusia hoy en día dada por el que
fuera mano derecha de Boris Yeltsin,
el liberalizador de la economía rusa a base de políticas de choque, Yanos Gaidar (casi sucesivamente
ministro de Economía y Finanzas y sólo de Finanzas y finalmente primer
ministro, entre noviembre de 1991 y diciembre de 1992):
“No
elegimos entre una transición ideal hacia la economía de mercado y una
transición criminalizada. La elección era entre una transición criminalizada y
la guerra civil”.
Vladímir Putin,
el máximo dirigente de Rusia tras Yeltsin, y todavía hoy, alguien para quien la
caída del imperio soviético es la mayor catástrofe del siglo XX, el estadista
ruso que sabe qué es lo que quieren escuchar la mayoría de los rusos (incluido
eso de que es ignominioso comparar a la URSS con la Alemania nazi), dijo:
"El
que quiera restaurar el comunismo no tiene cabeza; el que no lo eche de menos
no tiene corazón".
Este texto pertenece a mi artículo 'Los últimos cien años de Rusia', publicado el 27 de enero de 2019 en Periodistas en Español, que puedes leer en este ENLACE.

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