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Félix, un artificio artificioso de Cesc Gay


¿Qué ha hecho Cesc Gay cuando ha hecho Félix? ¿Y qué quiso hacer?

Hay una pretenciosidad oculta en la excelente puesta en escena de esta serie magníficamente interpretada por el actor argentino Leonardo Sbaraglia. Desde luego. Una pretenciosidad artísticamente legítima que creo que el creador de Félix ha pretendido barnizar con ese estilo suyo, el estilo Gay. (Gay es el apellido, el nombre de este insigne creador español, que conste: no nos liemos).

Cesc me ha entretenido, pero cuando acabo de ver su serie me hago una pregunta, aunque me gustaría preguntársela a él: ¿para qué me has entretenido? Sí, es una pegunta estúpida. Es como si tras una satisfacción le preguntáramos a quien nos la haya procurado ¿para qué me has satisfecho? Pero, con una diferencia, el arte tiene un objeto pero también un objetivo, tiene una causa y ha de tener una consecuencia. Ha de enseñarnos algo, hemos de comprender algo o al menos hacernos preguntas que no sean mistéricas.

Es esta serie un enredo muy bien narrado y resuelto de una manera chusca, por supuesto artificial, como le compete a algo humano, pero en este caso en el sentido perverso de la palabra artificial. Con artificio, con fatuidad.

Félix es divertida, tiene ritmo y engancha. Pero acaba mal, desazona, le quita a uno las ganas de volver a dejarse engañar por el arte inexplicable de Cesc Gay. Y eso con él no me había pasado nunca.

De nada, Cesc.

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