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No me gusta lo que no me gusta

Maria Schrader ha convertido al intelectual suicidado a mediados del siglo pasado Stefan Zweig en El buen soldado Schweik, el personaje del escritor checo Jaroslav Hašek; y yo que nada o casi nada sé de uno y muy poco de otro sólo puedo decir que asistí perplejo a esta película titulada Stefan Zweig: lejos de Europa, y asistí perplejo, casi aburrido, sintiéndome incompetente para emocionarme con nada de lo que veía pero dándome cuenta pronto de que el culpable del desaguisado era yo, no eran los actores, magníficos, ni quien cuidó la excelente fotografía ni el diseño de producción, quizás tampoco la directora; el culpable era yo, que no asistía a una mala película sino a una película que nadie se había molestado en rodar para mí, que para mí no era. Pero, eso sí, al final tuve la sensación de que Zweig es un idiota que no se entera de nada, que se pasa el día mirando a la vida para luego escribirla, en lugar de vivirla, un idiota que se niega incomprensiblemente a denunciar con su prosa excelsa al régimen nazi que acaba de echarle de su país y enviarle al suicidio sudamericano. Pero ya digo, puede que la película no quisiera decir eso de Zweig y que el idiota sea yo.

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