Leo y aprendo de un libro de 2014 (edición española de
2016), escrito por los historiadores británicos Jo Guldi y David Armitage, y titulado
Manifiesto por la Historia (dedicado
a defender el interés de los estudios históricos basados en la larga duración, en la longue durée), que “los escenarios de
pesadilla y las mitologías fundamentalistas sobre el clima, la gobernanza y la
desigualdad comenzaron a difundirse aproximadamente en la misma época que los
historiadores empezaron a replegarse a escalas temporales cada vez más
reducidas”.
Todo ello ocurrió cuando los defensores del pasado breve, del estudio de la corta
duración, dominaban la Tierra. “cuando los historiadores, los antropólogos y
los sociólogos dejaron de escribir y trabajar para las instituciones de
gobierno mundial, los economistas tomaron el relevo”. De manera que se produjo
un “predominio, en los titulares de prensa y en los círculos políticos, de las
teorías que idealizan el libre mercado y el escaso o nulo reconocimiento de las
lecciones morales que los historiadores poscoloniales y sociales has extraído
de las Historias del imperio y la industrialización, la salud pública y el
medio ambiente”.
Pero mientras el siglo XX llegaba a su fin, una
generación de historiadores regresó a la longue
durée. Y ello se debió a que se estaba viviendo el permanente crecimiento
de la desigualdad, la crisis de la gobernanza global y un mayor impacto del
cambio climático de origen humano (y un mayor conocimiento del mismo). Se
recuperó, por tanto, “la olvidada capacidad de la Historia en tanto disciplina
para persuadir, reimaginar y motivar”.
Se trata, y ese ha de ser el objeto del trabajo de los
nuevos historiadores de la longue durée,
de “devolverle a la Historia su misión de ciencia social crítica”. En el
siguiente texto reside lo esencial del mensaje del notable libro de Guldi y
Armitage (que yo resumo en: no nos fiemos
de la tradición, no la eliminemos tampoco, confiemos en la disciplina histórica):
“La Historia puede proporcionar la base para el rechazo de anacronismos basados en el mero respeto a la antigüedad. Pensar con el auxilio de la Historia —pero sólo con los largos tramos de esa Historia— puede ayudarnos a decidir qué instituciones dar por muertas y cuáles desearíamos mantener con vida”.
Tengo que asimilar todo lo que me dicen ella y él, Jo
y David. Pero de momento han logrado su objetivo: me he quedado mirando al
pasado una vez más.


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