Cuando propuse al autor que acometiera la tarea de resumir
la historia del ser humano, la Historia vaya, pues no hay otro conjunto de
acontecimientos que tal nombre merezca, mi amigo Luis no dudó un momento. Solo
convinimos dos líneas rojas como horizonte del reto: una de ellas se caía por
su propio peso pues su nuevo libro iba a engrosar la categoría de esta
colección, breve por antonomasia y por determinación primigenia, mas la otra
tenía que ver con la intrínseca característica del título que queríamos que
leyeras como ahora haces, querido lector.
¿A qué me refiero? A esa estomagante tendencia de explicar
la historia del mundo, la Historia, la del ser humano, como si no hubiera
habido más seres humanos que los que hemos habitado, habitamos y habitaremos ese
espectro genuinamente avanzado, dirigido al éxito del linaje humano, que es el
mundo occidental. Occidente. En efecto, la segunda línea que debería de servir
de faro permanente, de anclaje definitorio a este volumen, era que fuera una
historia de las sociedades humanas, pero no solo de las europeas y de aquellas
que han ido constituyendo lo que ahora entendemos por Occidente.
Quisimos que
fuera una auténtica historia universal, mas no una historia al uso.
Y el autor a mi juicio lo ha conseguido. Lo ha logrado no
solo porque todo el globo terráqueo aparece interrelacionado en este
acercamiento lúcido al transcurso de la especie humana por este planeta, sino
porque, además, y no de una manera menos importante, se nos muestra como el
espacio en el que ocurre una andadura prodigiosa a la que asistimos sabiendo
los interrogantes esenciales y las respuestas más perentorias. Luis Íñigo lo
verbaliza de forma contundente: “la división en capítulos no obedece tanto a
criterios meramente cronológicos, propios de la historiografía tradicional,
como a los grandes cambios que han ido marcando la evolución de las distintas
civilizaciones, de modo que la obra responde en todo momento a preguntas del
tipo de cómo, por qué y cuándo”.
Pero es que, asimismo, como un rasgo que la diferencia de
obras similares en su aspecto conceptual, esta breve historia del mundo “da
prioridad a las masas sobre las élites, al pueblo llano sobre la aristocracia,
a los gobernados sobre los gobernantes”. Y no solo eso, nos deja un enigma para
acabar su lectura, el interrogante por antonomasia de nuestro tiempo: ¿será
sostenible la prosperidad?
Nuevamente estamos ante un poderoso ejercicio de
concienciación llevado a cabo utilizando una herramienta tan humana como es la
historia, ahora con su acepción de disciplina para el conocimiento. Una vez
más, solo puedo dar las gracias a Luis por haber vuelto a dejarnos en la
memoria el aroma esencial de nuestro devenir como especie sobre esta tierra tan
humana, para lo bueno y para lo malo.
[Breve Historia del mundo, de Luis Íñigo, fue publicada en 2010 por Nowtilus en la colección Breve Historia que yo dirigía por aquel entonces.]


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