Uno lee
un libro que le parece fascinante y uno se nutre durante unos días de una literatura
intensa donde cada frase es exacta en su valor poético y narrativo, donde los
personajes sufren porque son mucho más que seres de papel, de tinta, donde lo
que se le cuenta a uno es un mundo en el que la desolación desprende esa
belleza que sólo puede provenir del arte...
Y uno
comprende al finalizar ese libro que tal vez no haya
entendido muy bien lo que el autor haya querido contarle al redondear su novela
con lo que lejos de ser su esencia a uno le parece un pegote falaz que
desacredita el resto de la obra perfecta.
Pero claro, uno es nada más que un lector que
tal vez tendría que haberse negado a dejarse llevar por la magia del relato y
limitarse a ser eso, un lector que disfruta de lo que otro ha escrito.
No para él, en este caso.
Niños en el tiempo es una novela de Ricardo
Menéndez Salmón.

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