¿Hay que ponérselo fácil al que lee cuando se escribe, al que ve una peli cuando se dirige o un lienzo cuando se pinta, al que escucha una canción cuando se compone e interpreta…? ¿O, por el contrario, hay que considerar que quien nos lee, nos ve o nos escucha es alguien tan listo, tan formado, tan agradecido con el aprendizaje como para saber perfectamente lo que tenemos en nuestras cabezas cuando escribimos, filmamos o cantamos? ¿Y si tratamos a quienes está destinado el arte como personas que acuden al arte para disfrutar del mundo que les aprisiona con todas sus torpezas, sinsabores, euforias, ligerezas, explosiones y atardeceres insufribles para ponerles frente a un mundo sin sus torpezas, sinsabores, euforias, ligerezas, explosiones y atardeceres insufribles? Claro que, tal vez, ocurre que a quienes creamos nos importa más bien poco lo que necesiten esos seres humanos que acaban por sufrir, disfrutar o, más comúnmente, ignorar cuanto hacemos creyéndonos dioses pequeños. P...