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Los Pilares de la Creación


Orbitamos a media eternidad de los Pilares de la Creación, nos embobamos perfectos ante una estampa galáctica alejada miles de años luz, a miles de años luz de nuestro escenario de precariedad y poesía moribunda.

Emergen, estallan estrellas nuevas en el interior de nubes de gas y polvo interestelar, lo vienen haciendo desde hace millones de años: y ahora las vemos. La tecnología nos viene salvando la vida y acabará por ser autora de nuestros últimos versos sobre la Tierra.

Unas protoestrellas acaban de formarse… Acaban. Puntos suspensivos suspendidos en el ámbito donde debe estar el alma del Universo. Puntitos enormes que se calientan. Se calientan y colapsan. Es su propia gravedad la razón de ese final. La gravedad. No entiendo nada. Lo leo y no lo entiendo.

Dos telescopios le hacen una foto a los Pilares de la Creación, uno es el Hubble, 1995 el año que nos los dejó a la altura de nuestro betún animal, el otro, el otro es el James Webb. Hoy, ayer, hace unos días, en este Tercer Año de la Gran Pandemia, 2022, una pizquina inconfesable en el corazón del Cosmos.

Hay un brillo carmesí en estos Pilares asombrosos. Son moléculas de hidrógeno delatoras: las nuevas estrellas son jovencísimas. ¿Su edad? Cientos de miles de años.

Seguirán informándonos. Mientras respiremos.

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