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Antes de la lluvia es cuando más debería estar cargada de futuro la poesía


Ahora que los dueños del mundo van a repartirse el mundo (otra vez) perpetuando la fea palabra geopolítica como el juego de mesa de los que siempre ganan, ahora, digo, es cuando más debería estar cargada de futuro la palabra poesía, aunque solamente fuera para disparársela al corazón a los que prefieren el mal conocido al bien por conocer.

Si cada vez que se hubieran levantado aquellas barricadas bajo las estrellas la desaparición del ambicioso afán de los brutos con cerebro de máquina hubiera sido el tesoro de la victoria, hoy podríamos escribir poemas para recordarnos de qué está hecha la vida y el viento nos dejaría en los rostros la palabra felicidad como una máscara de amor.

Los escribimos igual, porque en el fondo sabemos que escribir poesía también es saber que solamente sirve para que quienes mueren vayan a parar a los sueños desnudos de lo que respiramos porque ellos, los muertos, nos obligaron a respirar con lo poco que al alma le queda después de habitar este planeta siempre dominado por los dinosaurios.

Para que la poesía siga siendo un arma cargada de futuro deberíamos dejar de esperar uno detrás de otro, tendríamos que colocarnos (quienes distinguimos a los tiburones de las ardillas) justo enfrente de quienes entran en los países atravesados de pesadilla a secuestrar a sus tiranos de rumba. Colocarnos frente a ellos con el fin de que no se diga que siempre vamos a mirar para otro sitio.

A eso todavía hay quien lo llama irse de casa para tocar rocanrol. Irse de casa para tocar rocanrol antes de la lluvia.


Pero dejemos que lo cante Loquillo (él y Gabriel Sopeña son los autores de la maravillosa Antes de la lluvia, poema, canción: TODO).

 

“Antes de la lluvia, el cielo se oscurece, tomamos posiciones, construimos las trincheras.

Antes de la lluvia adivinas la tormenta.

Antes de la lluvia, contraseñas y señuelos tienen forma de secretos y un ligero olor a muerto.

Antes de la lluvia el futuro es incierto, el futuro es incierto.

Antes de la lluvia cierra bien la puerta, quién más, quién menos conocía la revuelta, se quedan en sus casas o ponen tierra por medio.

Antes de la lluvia, antes de la lluvia.

La peor palabra es la que no la que no se dice: pactar con el silencio cuando debimos gritar nos hizo cobardes.

Afuera ya está lloviendo, sobrevuelan los aviones y el miedo va por dentro.

Cuando estalla la tormenta qué importa el quinto mandamiento.

Antes de la lluvia tu vida es solo un momento.

Antes de la lluvia cierra bien la puerta, quién más, quién menos conocía la revuelta, se quedan en sus casas o ponen tierra por medio.

Antes de la lluvia. Antes de la lluvia. Antes de la lluvia cierra bien la puerta, quién más, quién menos conocía la revuelta, se quedan en sus casas o ponen tierra por medio.

Antes de la lluvia. Antes de la lluvia. Antes de la lluvia”.


 

[Fito Páez y Robe Iniesta también aparecen aquí y, claro, Gabriel Celaya y Paco Ibáñez]

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