El segundo largometraje del cineasta español Javier Marco se titula A la cara. Estrenado en 2025, desarrolla el corto del mismo título también dirigido por él, ambos escritos por Belén Sánchez-Arévalo (si bien el largo es un guion de ella y Marco) e interpretados por Manolo Solo y Sonia Almarcha.
El drama A la carta es una
buena película, dirigida con pulso y con un ritmo narrativo interesante y
escrita con sumo cuidado, pero sobre todo interpretada con un arte descomunal
por Almarcha (conmovedora siempre) y Solo (como fue él, un actor estratosférico,
al que la verdad se le quedaba pequeña), acompañados por las notables
actuaciones de Roberto Álamo y la prometedora joven Helena Zumel.
Con la música de Margaret Hermant y la esmerada fotografía de Anna Franquesa Solano, esta película ilumina temblando este mundo en el que los mensajes de odio que abundan en las redes sociales conviven con la incontestable fuerza del amor, del amor ignorado, del amor incomprensible, del amor ensuciado por el egoísmo.
Es sutil, lo dicen los críticos
cinematográficos, turbadora, protagonizada por eso que podemos llamar personajes
al límite rotos por la culpa que habitan los escondites de la soledad.
Es, como escribiera Salvador Llopart en La Vanguardia, “un drama de
silencios y reproches, filmado mediante primeros planos en un caserón de luz
envejecida (...). Sin levantar la voz ni buscar el golpe emocional, la película
toca nervio gracias a sus intérpretes”.
Gracias, Manolo, gracias, Sonia.


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