¿Qué preferirías, ser una buena persona o ser un buen poeta? ¿Para qué sirve la poesía? Hay películas que en lugar de ser un poema dedicado a algo, como a veces decimos de algunas cuando nos ponemos cursis, son algo mucho mejor: son una película dedicada a la poesía. Nada mejor que el cine para determinadas cosas. La poesía y los seres humanos que aman la poesía o la ignoran, por ejemplo.
La película colombiana Un poeta,
estrenada en 2025, de dos cabales horas de duración, fue dirigida y
magníficamente escrita por Simón Mesa Soto e interpretada de manera
excelente por Ubeimar Ríos.
“Heme aquí,
un hombre
anticuado,
dinosaurio,
portador de
agravios,
merecedor de
condenas,
frágil soñador.
Mas no pierdan su
fe
en este poeta
triste
que está
intentando escribir
un poema feliz”.
Simón Mesa Soto
“Sin duda, la más anómala, tierna,
bella, divertida y trágica de todas las películas anómalas, tiernas, bellas,
divertidas y trágicas”, escribió de ella el crítico cinematográfico Luis
Martínez en El Mundo. Cierto lo que dice, opino igual.
Como estoy a favor de Carlos Boyero,
a quien se le pudo leer en El País que la historia le fue ganando poco a
poco, de forma que todo iba adquiriendo sentido, porque “te lo crees”. Como a
él, (casi) “todo me resulta sorprendente en esta extraña y atractiva película”.
Que Un poeta “captura la
miseria causada por los sueños frustrados” es una gran verdad. Lo dijo Nando
Salvá en El Periódico.
Fracasa otra vez. Fracasa mejor. Ya
lo escribió Samuel Beckett. Eso hace, eso es el personaje de Ubeimar Ríos, el
protagonista, el poeta.
Pablo Vázquez lo cuadró en Fotogramas:
“entre la tragedia y la sátira, esta es una película dolorosa y divertidísima,
que dribla con habilidad las convenciones de las historias de redención y
transferencia”.
La poesía se lleva mal con la felicidad. ¿O es la felicidad la que se lleva mal con la poesía?

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