La serie española de televisión Las abogadas es un drama político, también social, inspirado en hechos reales que, aunque se toma ciertas (inevitables) libertades a la hora de contarnos la lucha fabulosa de un grupo de mujeres (también de hombres, por supuesto, pero aquí las protagonistas principales son cuatro mujeres, cuatro abogadas), ninguna daña de una forma relevante la realidad histórica (lo que sabemos los historiadores) que es el objeto de sus episodios: el tardofranquismo y la Transición española a la democracia.
“Un buen ejercicio
de memoria histórica que enriquece la televisión pública (...) una sólida
producción, con una buena recreación de época (...) tanto las intenciones como
el resultado están a la altura de lo esperado”.
Natalia Marcos (El
País)
Estrenada en 2024, dura 300 minutos
aproximadamente, repartidos en seis capítulos, y los personajes históricos que
aparecen protagonizando este drama (necesario y conveniente) son las (entonces)
abogadas comunistas Lola González Ruiz, Cristina Almeida, Manuela Carmena y
Paca Sauquillo.
Creada por Patricia Ferreira y Marta Sánchez Guillén, autoras también de su guion (junto a Irene Niubó y Virginia Yagüe), sus capítulos fueron dirigidos (tres cada uno) por Juana Macías y Polo Menárguez, en tanto que la fotografía fue responsabilidad de Ángel Iguácel.
Las cuatro actrices principales,
cuyas actuaciones son impecables, fueron Irene Escolar (como Carmena), Paula
Usero (memorable como González), Elisabet Casanovas (como Almeida) y
Almudena Pascual (como Sauquillo).
El final de la serie es parte esencial de lo que llamamos Transición: aquel silenciosamente conmovedor entierro
de los abogados asesinados en Atocha de enero de 1977.
Uno de los
momentos clave de la Transición española se produjo una mañana fría de enero.
Hablo de ello en
mi libro La Transición (de 2015), por supuesto, pero también en un
relato que empieza así...
Hay demasiada luz en esta mañana helada de Madrid, hay una mancha fría que cubre el cielo y cubre el aire en esta mañana herida de Madrid. Tantos brazaletes negros completan las calles repletas por el vaho triste de hombres y de mujeres que es como si una línea enloquecida de color negro transcurriera desde un extremo a otro de la ciudad de Madrid. Lenta. Una línea retenida y casi sin avances.


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