Se me debió quedar grabado
algún día olvidado de la infancia
en que por vez primera atravesé
esa hermosa laguna con mis ojos.
No dejo desde entonces de viajar
por su profundo azul inexplicable,
desde la dicha a la tristeza
y otra vez de regreso a la alegría,
como si fuesen dos mundos conexos
y al mismo tiempo separados.
No he dejado tampoco de pagar
el precio que el barquero me reclama,
con tal de poder ver aquel color
que me conduce a puertos misteriosos
y me recuerda tanto a lo perdido.
*
El poema pertenece al libro del autor
El don de la tristeza (Visor, 2026).
[Imagen: Joachim Patinir: El paso
de la laguna Estigia]

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