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Vox, Trump… el renacimiento de los fascismos

Periodista, profesor y político (pertenece al partido nacionalista Esquerra Republicana de Catalunya), el noveno libro de Francesc-Marc Álvaro (“europeo, catalán y ciudadano con pasaporte español”), publicado en 2026, El franquisme en temps de Trump, traducido espléndidamente por Verónica Nieto Foco ese mismo año a mi idioma como El franquismo en tiempos de Trump, es un librito contundente, escrito por alguien, vaya por delante, que se refiere a menudo a España como el Estado español.


Al igual que el autor, yo también soy de la generación que “nos habíamos mentalizado para la explosión nuclear, pero lo que nos ha tocado vivir es el renacimiento de los fascismos”. Porque, aunque yo era de los que creía que el franquismo había acabado cuando Franco murió (así quise dejarlo claro en mi libro de hace años dedicado al franquismo), lo que parece indudable hoy es que “el mensaje, el legado y el objetivo de Francisco Franco, el dictador español, están vivos”.

 

Vox es un partido que reivindica, de todas las maneras posibles, el legado del franquismo. Sin manías. No se define como franquista, pero no lo necesita”.

 

Produce estupor todo esto cuando sabemos que “los nostálgicos del franquismo vivían con cierta vergüenza y acomplejamiento su condición durante la transición”, y que “hoy, en cambio, los neofranquistas de Vox y asociados enarbolan esta bandera no sólo con orgullo, sino también con complacencia, fanfarronería y voluntad de provocación”. Y lo hacen porque “saben que tienen el viento a su favor”. Su líder, Santiago Abascal, cuenta con un socio destacable por encima de todos, el presidente estadounidense Donald Trump (“que parece una parodia”).

 

“Del tándem Ike-Franco al tándem Trump-Abascal. Sólo han pasado 66 años. La broma es enorme”. 

 

 

[…]

 

Hoy, a diferencia de cuando décadas atrás “los hijos del bienestar surgido después de la Segunda Guerra Mundial contestaban airadamente a unos padres conservadores desde una actitud de ruptura que buscaba modelos en el socialismo, el comunismo, el anarquismo y las luchas anticolonialistas, que representaban una voluntad de emancipación de los pueblos que habían estado bajo uno u otro imperio”, lo que ocurre es que “los hijos de la posmodernidad y la crisis financiera de 2008 –con su corolario de precarización de las clases medias– han elegido responder a los padres sumándose a una ultraderecha irreverente y desacomplejada que se presenta como la impugnación más valiente y rompedora de los consensos entre socialdemócratas, conservadores y liberales”.

Había una herencia del franquismo que muchos no supimos ver, Álvaro, y tantos otros, sí. La democracia no ha sido capaz de perpetuar sus valores frente a quienes son favorables a escuchar soflamas de cambio radical que incluyen “barrer lo que hay”, todo lo que nos “ha llevado hasta el colapso presente”. Como no existe una memoria pública española desligada de la victoria franquista y el consiguiente régimen dictatorial… Como lo que en realidad existe es la herencia de aquellos “pactos asimétricos de la transición entre los representantes de la España «nacional» y los que perdieron la guerra, y entre los represores y los luchadores por la democracia”... Como tal cosa ocurre, nos hallamos ahora ante “jóvenes seducidos por el abismo”.

 

“Comprendemos, pero seguimos asombrados ante esta realidad, porque la comprensión no quita ni un gramo de inquietud. Comprender no implica aceptar”.

 

O como yo repito a menudo: para explicar hay que comprender, pero comprender no es justificar.

 

[…]

 

Es de gran interés saber de dónde viene Vox.

 

“Tras décadas en las que los ultras españoles vivieron en la más estricta marginalidad extraparlamentaria, cuajó finalmente una opción a la derecha del PP, en el momento oportuno y aprovechando las rendijas que ofrecía el sistema. Vox nació en 2013 y supo leer las lecciones de quienes lo habían intentado antes, empezando por el antecedente histórico más conocido a la derecha de la derecha tradicional desde la transición: Fuerza Nueva, la organización creada muy poco después de la muerte del dictador. Los promotores de Vox eran personal político que provenía del PP, críticos con la línea de Mariano Rajoy”.

 

Atención, porque el autor creo que da en el clavo cuando rotundamente afirma que “la memoria rehabilitada e idealizada del franquismo (la nostalgia por un mundo que nunca existió de veras) es uno de los motores de la formación de Abascal”.

Francesc-Marc Álvaro hace hincapié en que Vox, a diferencia de la extinta Fuerza Nueva, no es un partido posfranquista, sino neofranquista.

 

“El franquismo de Vox es un neofranquismo implícito, tácito, dado por sentado. No es invisible, tiene una cualidad política más eficaz: es un neofranquismo transparente y translúcido, que deja pasar el resto de ítems ideológicos que los dirigentes de la organización han incorporado por imitación de los ultras europeos y estadounidenses. Estamos ante un neofranquismo que no debe ser formulado constantemente, pero que siempre está ahí. El texto de Vox es similar al de sus homólogos franceses, italianos o húngaros, pero su subtexto es único e intransferible: neofranquismo, entendido como reivindicación «normal» del legado y «las conquistas» del régimen impuesto por la victoria militar de 1939”.

 

La gente de Vox no pide restaurar, explícitamente, el franquismo, simplemente (!simplemente¡) evidencian que fue una etapa digna de reivindicación de la cual extraer lecciones para el presente. Como buenos representantes de la que ha dado en ser llamada cuarta ola de la ultraderecha de la posguerra europea (iniciada con el siglo XXI, más o menos), Vox ha conseguido sacar a la extrema derecha de los márgenes y moverse “con total normalidad por la misma calle principal donde se mueven los partidos de siempre”.

 

“Los expertos consignan que, en las dos últimas décadas, los asuntos socioculturales y las llamadas políticas de la identidad –vinculadas a las batallas culturales– han ocupado el centro de la agenda política en detrimento de las cuestiones socioeconómicas, como la vivienda, el trabajo o la fiscalidad. Esto ha lastrado a los partidos tradicionales o convencionales (socialdemócratas, democristianos, liberales) y ha dado alas a los extremos, de derecha y de izquierda. El movimiento del 15M o de los indignados fue el magma del que surgió en el año 2014 –poco después de Vox– el partido Podemos, que impugnaba –a partir de las batallas culturales– lo que denomina «régimen del 78». En el otro lado, simultáneamente, los ultras de Vox fueron generando ámbitos de complicidad entre sectores desconcertados y descontentos que empezaron a sentirse poco representados por el PP, recogiendo también los restos del naufragio de Ciudadanos y el voto de segmentos abstencionistas antipolíticos”.

 

Vox (“el ala más dura del PP más reaccionario, que siempre ha existido”) es puro populismo, de derechas, eso sí, que sabe emitir respuestas simples y facilonas a problemas muy complejos. Con una contundencia verbal que debería ser temible. Lo es. Es un partido nacionalpopulista, gradián acérrimo de “una opción nacionalista de Estado y fuertemente identitaria, defensora –en este caso– de una identidad española homogénea y superior al resto de culturas del Estado español, consideradas de segunda categoría y observadas como un elemento sospechoso de contener la semilla del separatismo”, lo cual incluye asimismo “una crítica frontal al proyecto europeo que encarna la Unión Europea, que es señalada como un instrumento nocivo de injerencia en manos de los poderes globalistas”. Son además antielitistas de cara a su potencia electorado, pero están directamente conectados con “una parte de esas mismas élites que cuestionan de forma genérica en público”.

Vox es todo esto. Anota: “populistas de derecha radical, iliberales y neofranquistas”, también “islamófobos, antieuropeístas y partidarios de lo que llaman familia natural”.

Y, aunque el autor va trufando su competente y documentado libro con referencias a Trump, llega un momento en el que se vuelca su análisis. Comienza por aclarar, que como ya sabemos, Donald Trump no es la causa, es el síntoma de un mundo dominado no ya por la mentira sino por la ya manida posverdad.

 

“El trumpismo ha regalado un manual de antipolítica que resulta sencillo y atractivo, y que se puede adaptar según la idiosincrasia de cada sitio. En este manual, la primera ley es que la verdad no importa y, en consecuencia, puede ser desfigurada, vaciada, fragmentada, reventada, ocultada o lo que sea, siempre en función de los objetivos y de los intereses del líder y de su proyecto”.

 

La movilización trumpista reposa sobre la idea de “la venganza construida sobre el resentimiento de las masas”. Esa no verdad suya, además, no solamente no pasa factura a quien la promueve sino que consigue que la conversación pública pierda sentido. Para el trumpismo la verdad es una cuestión de creencia.

 

“Los trumpistas y los neofranquistas comparten, como todos los ultras, que la creencia es más determinante para la política que la realidad, lo que conecta con los discursos anticientíficos y negacionistas del cambio climático que estos partidos y movimientos exponen”.

 

Álvaro, ante la retórica y las actuaciones políticas de la ultraderecha a la que tilda de fascista sin dudar demasiado, nos advierte de que quienes nos consideramos antifascistas tenemos una tarea por delante, la más difícil: pasar de la indignación a la movilización. Por eso ha escrito este libro. Por eso quizás lo haya leído yo. En definitiva, si ellos saltan del resentimiento al odio (y construyen materiales inflamables), alguna contestación ha de encontrar. Sí, ellos. La sociedad civil ha de saber entender que son ellos contra nosotros. Suena a polarizador. También a que no hay otra salida. Hay que concienciar a la mayoría de que ellos, los ultraderechistas nacionalpopulistas neofranquistas, a los fascistas a los que se está intentando normalizar, no tienen derecho a hacer con sus ideas un mundo peor del que estábamos en camino de encarrilar hacia el progreso y la convivencia pacífica y provechosa. Hemos de “fortalecer la democracia liberal desde todos los ámbitos, dicen muchos expertos. De acuerdo. ¿Y qué más? ¿Y cómo? ¿Y a qué velocidad tenemos que hacerlo para detener la ola? […] Y ahora, que ya sabemos que van de veras, ¿qué vas a hacer tú, querida lectora, querido lector?”.

 

Este texto pertenece al artículo ‘Explicando a Vox (y un poco a Trump)’, publicado el 27 de julio de 2026 en Nueva Tribuna, que puedes leer completo EN ESTE ENLACE.

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