Los ciudadanos somos para Andrés Villena Oliver (según leemos en su obra Las élites que dominan España: una historia alternativa desde 1939) “persistentes receptores de la propaganda dominante”. En su libro se explica que la democracia ha de contenerse para poder existir y que el poder burocrático es “la sustancia definitoria de la clase política al frente del Estado”.
Me interesa ahora reproducir lo que
se dice en Las élites que dominan España sobre los llamados Pactos de
la Moncloa, tan esenciales en aquellos primeros años de la Transición
española a la democracia después de la dictadura del general Francisco Franco:
Los Pactos de la Moncloa fueron “un
conjunto de acuerdos para mitigar los esfuerzos de la crisis que tuvieron
efectos temporales, pero que, como en 1959, contribuyeron a reconstruir un
nuevo sentido común: el consenso entre los distintos grupos políticos como una
maqueta para un país dispuesto a equipararse a Europa. La doctrina del pacto y
de la superioridad de los criterios económicos se convirtieron en condiciones
necesarias, pero no suficientes, para promover el porvenir de una España que
aspiraba a consolidar su democracia y a ocupar un lugar destacado en los
grandes conjuntos económicos mundiales.
Firmados en octubre de 1977 y aprobados unas semanas después, los Pactos de la Moncloa consistieron, en primer lugar, en medidas de contención del crédito para aplacar la inflación y enfriar la economía, subidas de los tipos de interés, devaluación de la peseta y moderación de los incrementos salariales. Todas ellas iban destinadas a disminuir o por lo menos neutralizar el incremento de la inflación y sus denominados efectos de segunda ronda: que las reivindicaciones sindicales, atentas a exigir un aumento salarial para compensar el incremento constante de los precios, no provocasen un efecto en cadena”.

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