De 2015 es la novela Blitz, escrita por el cineasta y novelista español David Trueba, de la que ya escribí que es una buena novela breve y hermosa, reducidamente conmovedora, literariamente perfecta, sobre el egísmo del sentimentalismo, sobre la hermosa solemnidad del amor, ese amor nuestro de hoy de las cosas pequeñas y los problemas enormes. Otra novela más sobre el sentido de la vida.
Diez años después Trueba rodó una adaptación de Blitz adaptando él mismo su contenido a un guion magnífico. Se titulaba Siempre es invierno. Y es tan buena como el libro.
De casi dos cabalísimas horas de
duración, el filme está interpretado con una sensibilidad convincente,
admirable en muchas ocasiones, por un brillante una vez más David Verdaguer,
perfectamente acompañado por Amaia Salamanca y Isabelle Renauld, fantásticas
las dos.
Con música de Maika Makovski una
hermosa fotografía a cargo de Agnès Piqué Corbera, Siemprr es invierno es
una comedia dramática, una dramedia, un drama romántico tierno y
reconstituyente que se disfruta como si el cine estuviera hecho para hacernos
mejores, más sabios, más humanos, menos haters.
Como escribiera el crítico cinematográfico Luis Martínez en El Mundo “es una película no exactamente disfrutable en su sentido más pedestre y evidente (que también), sino disfrutable en su sentido más profundamente disfrutable. Que es lo que cuenta. Triste, pero divertida”.
También coincido con lo que le leí a
Carlos Boyero en El País, con eso de que “estoy atento y conmovido por
lo que veo y lo que escucho. (...) me siento muy agradecido y cómplice de
tantas cosas en esta película luminosa a ratos, amarga en otros, llena de
interrogantes de difícil respuesta”.
El desamor y… Lee la novela, contempla la película. De verdad.




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