Escribiendo en mis diarios sobre un asunto sin mayor trascendencia dije que “...pero no me importa porque llevo torta”. Y volví a uno de los conflictos intelectuales más angustioso de mi todavía corta vida.
Los Payasos de la Tele no eran unos payasos utilizada la palabra despectivamente (payaso: ‘pesado, idiota, cansino, torpe’) sino que fueron mi infancia. Queda dicho.
Tirando de Wikipedia -que más que
Wikipedia ya es la buenaza y que siempre está en modo aprendizaje/parasitismo
IA (Inteligencia Artificial) de Google- leo que los tres primeros de la serie, Gaby,
Fofó y Miliki, empezaron a trabajar en un circo familiar a lo largo de los
años treinta del siglo pasado. Luego sus hijos Fofito y Milikito (que
empezó haciendo de mudo y comunicándose con un cencerro plagiando un poco al
mudo -por esto a veces digo mudo o sordomudo y no sordo- de los Hermanos Marx),
y más tarde Rody y Rita Irasema, se unieron al grupo cuando estaban ya a
todas horas en la pantalla de todos los televisores de España. Y no exagero.
Digo televisores y no casas porque en aquellos años setenta del siglo XX no
todo el mundo tenía tele (en la IA dicen que aproximadamente solo en el 25% de
los hogares españoles; qué interesante, por cierto, la ilusión de algunos que
quieren volver a estas épocas: qué suerte sin televisión ni móviles, ni
internet y con cochazos como los seínas, errecuatros y los diánseis).
Cuando llegaron a mi tele Philips en
blanco y negro era 1972 y sustituían a Los Chiripitifláuticos, de los que
también me acuerdo (sin tirar de Wikipedia) así como de Crónicas de un
pueblo.
No sé si está bien lo de acordarse de
estas cosas de la tele, pero era casi lo único infantil que nos llegaba. En mi
casa mis padres no tenían tiempo para leernos cuentos y ni siquiera dinero para
comprarlos. Poco a poco me hice con cuentos o cómics (no se decía así) de Zipi
y Zape, Mortadelo y Filemón, Pepe Gotera y Otilio, Gordito Relleno o de Las
Hermanas Gila, pero porque encontré muchos tebeos (TBO) tirados, sucios,
pegajosos o amarillentos por el sol, en la Estarquera, pero esa es otra
historia, como que cuando leí a Marcial Lafuente Estefanía, Zane Grey y Corín
Tellado es porque intercambiaba las novelitas en Cá la Ana Mari.
Desde los 7 a los 17 años, los
Payasos de la Tele (resulta que el programa no se llamaba así sino El
Gran Circo de Televisión) hubo canciones que me torturaron tanto (son
como las de los Lunis o Cantajuegos de la infancia de mi hija) que se me han
grabado como a fuego. Y eso ya no se olvida.
Si es que me acuerdo de que hasta la
muerte de Fofó allá por 1976 fue más importante y sonada que la de Chanquete. O
de que Locomotoro viniera a Mérida, al parque infantil de la Rambla.
En 1981, creo que coincidiendo con la
jubilación de Miliki (que falleció en 2012 y que este noviembre hubiera
cumplido 96 años), se incorporó a Los Payasos de la Tele el soso de Rody y
empezó la decadencia del programa de televisión hasta que acabó en 1983. Hace
42 años. Casi ná.
Sí, cuarenta y dos años y todavía me
torturan canciones como la del coche de papá, esa de porque llevo
torta, pero no solo ¿Quién de mi quinta no se levanta algunas madrugadas
con pesadillas y sudor frío repitiendo hola don Pepito hola don José pasó
usted por mi casa por su casa yo pasé?
Por no hablar de la intro del
programa, aquello de había una vez, un circo -con todos los niños
de las gradas del circo alucinados que parecía que se habían metido siete
tripis pal cuerpo- o de la gallina purulenta, digo turuleca o turuleta,
que así le decíamos. que tenía que ser prima hermana de la gallina cocoguagua
de Enrique y Ana. Yo es que sigo conociendo a una vecina, que ha comprado
una gallina que parece una sardina enlatadaaaaaaaaa.
¿Cómo están ustedes? Por cierto, cómo
me pica la nariz, será que tengo alergia al ratón de Susanita, un ratón
chiquitín. Un ratón chiquitín que come chocolate y turrón y bolitas de
anís. Además, que lo sepas no es un hamster y duerme cerca del radiador con la
almohada en los pies. Y sueña que es un gran campeón jugando al ajedrez a lo
Kaspárov, Karpov o Bobby Fisher. Le gusta el fútbol, lo mismo es del Betis,
también el cine y el teatro y baila tango y rocanrol.
En fin, ay porrompompón Manuela, me
monto en mi barquito de cáscara de nuez y al son del chévere chévere chon
después cómo están ustedes les canto el feliz feliz en tu día.
Porque llevo torta.
A saber qué es esa torta.
Fin de la tortura.

En Bolivia a la tarta le dicen torta así que será eso 😃
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