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La educación sentimental por el fútbol (un cuento de Emilio Gavilanes)


Entonces yo no sabía que por aquella época a papá, que había encadenado una serie de diez casos perdidos, le habían echado del bufete de abogados, que llevaba diez años escribiendo un libro de poesías que no le aceptaba ninguna editorial y que mamá ya le había dicho que quería separarse de él.

Un día llegué del colegio y, con toda mi ignorancia, le pregunté que por qué éramos de un equipo que lo ganaba todo. Que nuestro sitio era estar con los que perdían, con los fracasados, como mis amigos. Que perder es más romántico. Todo eso.

Entonces él me dijo que no me fiara de los perdedores. Que si todos prefieren la derrota es porque es superior y que por tanto los perdedores son ganadores. Los que ganamos somos inferiores, los realmente derrotados.

Por complacerme renunció a la única victoria que le quedaba.

 





Este cuento pertenece al espléndido libro del autor titulado Autorretrato, 
que yo mismo le edité en Punto de Vista editores, en 2015.

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