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Dramedia, cine de bienestar: El bus de la vida

La película española El bus de la vida, estrenada en 2024, dura poco menos de cien minutos precisos y cabales.


Brillantemente dirigida por Ibon Cormenzana (es ya su sexto largometraje) y escrita (bastante bien) por él mismo junto con Eduard Sola, cuenta con un magnífico elenco actoral que la lleva a ser uno de los más hermosamente conmovedores filmes dramáticos recientes, salpimentados gustosamente de comedia vitalista y sincera. Un elenco encabezado perfectamente por un más que sorprendente Dani Rovira (mejor actor de lo que muchos creen, mucho mejor) y una como siempre maravillosa Susana Abaitua, acompañados fenomenalmente por la gran Elena Irureta, así como por actores menos conocidos como Amancay Gaztañaga y Pablo Scapigliati, también por un nuevamente inmenso Antonio Durán Morris, entre otros.


A componer la película que acaba por ser —una historia de superación basada en la existencia real de un bus que recorre parte de Euskadi para trasladar enfermos de cáncer para que reciban sus respectivos tratamientos—, contribuye eficazmente la fotografía de Albert Pascual.

Solamente le veo un pequeño defecto a El bus de la vida: que el protagonismo que quiere dársele a la música, a la creación musical, es lo menos verosímil y emocionante de una película cargada de emociones, casi todas concentradas en la desgracia de padecer cáncer. La desgracia de padecer cáncer y vivir (malvivir, intentar bienvivir) con él. Vivirlo.

El bus de la vida es otra película del llamado cine de bienestar. No otra más. No una cualquiera. Te la recomiendo. Al fin y al cabo, tal y como escribiera sobre ella el crítico cinematográfico Oti Rodríguez Marchante en ABC, “es una película vitalista, emocionante, moderadamente romántica y hasta graciosa”, es “encantadora, extrovertida, útil y a contracorriente del mundo extremado, belicoso (...) con el que nos despiertan cada día”. Cine de bienestar, ya digo.

Aunque puede haber quien al verla viera “un buen ejemplo de cómo una película sobre el cáncer puede hacerse predecible y tópica, a pesar de realizarse desde el corazón y en base a experiencias personales”. María Bescós (Hobby Consolas), sin ir más lejos.

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