No te rindas nunca, recuerda cuando fuiste una diosa, cuando las estrellas te obedecían.
No te rindas jamás, recuerda cuando fuiste su
madre, cuando nació de ti tu hija.
No te rindas.
Déjame cantarte esta canción en tu oído, en
tus manos, déjame recordarte lo que fuiste, déjame mostrarte lo que eres, déjame vivir con alegría a tus pies, junto a tu pelo.
No te rindas, hazlo por mí
Sueña, sueña, no te rindas nunca porque tienes dentro de ti todas las artimañas de la evolución, eres un espléndido cúmulo de decisiones erróneas, acertadas, confusas, animales, humanas, decisiones indecisas, atribuladas, esporádicas, únicas.
No te rindas nunca porque atesoras una
frenética longevidad de eras estratosféricas sobre la Tierra geológicamente
imprecisa, porque de ti pende la voluntad de una especie ambiciosa, la
necesaria valentía de las neuronas imperiales que brillan en la oscuridad de
nuestros cerebros, de ti brota inconmensurable la extrema habilidad de la
pasión escondida en los espíritus aferrados al presente de una dinastía antes
arborícola y ahora aposentada sobre la
espalda de los gigantes que antes que tú consiguieron dominar la Tierra.
No te rindas, no dejes de soñar, no
abandones el porvenir.
No te rindas mientras el puente se extienda sobre unas aguas turbulentas.

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