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La reverberación (casi) poética de Aftersun


Existen las películas que uno disfruta sin la más mínima duda, a lo grande, pero también las que uno no es muy consciente de haberlas gozado mientras atendía medio hechizado a su transcurrir mesmerizante. Aftersun, el debut de 2022 en el largometraje de la cineasta británica Charlotte Wells (que la escribe y dirige), es de estas últimas.

Sus cien minutos, quizás alargados excesivamente (algo de lo que se salva por “su ritmo contemplativo, lento”, como considera el crítico Oti Rodríguez Marchante en ABC, a quien la película le parece “más bien sosa”), cuentan a su favor con un pulso narrativo muy especial —dedicado a impregnar de pequeños detalles una historia paradójicamente inquietante pese a que cuanto vemos resulta a menudo incluso anodino, imperceptible, también oscuro, casi opaco—, pero sobre todo con dos aciertos indudables: por un lado, la fotografía memorable de Gregory Oke, y por otro, dos interpretaciones fabulosas, las de dos actores que son padre e hija en esta ficción demoledora, casi exquisita: Paul Mescal y la impresionante jovencísima actriz Francesca Corio.


Aftersun
(“un precioso poema”, a decir del crítico cinematográfico de La Razón Sergi Sánchez) está situada en el ranking de FilmAffinity en el puesto número 6 de las Mejores películas del 2022. Es sin duda un complejo acercamiento a las relaciones entre padres e hijas y un retrato nervioso de cierto tipo de madurez.

 

“La película de Wells se ondula y ofrece destellos como una piscina llena de misterio (...) Los detalles se acumulan; las imágenes reverberan”.

Peter Bradshaw (The Guardian)

 

Si no te proteges del sol antes, has de hacerlo después. Después del sol.

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