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Daisy Haggard nos regresa a la vida en una serie inaudita


¿Se puede hacer reír cuando se pretende contarnos algo traumático? ¿Podemos reírnos con el dolor ajeno o a través del dolor de otros? Se puede. Podemos. Se debe. Debemos. Al menos debemos poder hacerlo. Porque hay quien sabe hacerlo por medio del arte, el arte cinematográfico, por ejemplo.

La serie británica Back to life es, efectivamente, como le leo en El País al escritor español Sergio del Molino, "una comedia de buenos sentimientos” cuya ternura “amenaza borrascas cursis que no llegan a romper porque se disuelven en carcajadas oportunas”.

Sus casi seis medidísimas horas se distribuyen en 12 espléndidos capítulos de una media hora de duración (o algo menos) dirigidos espléndidamente por Chris Sweeney y muy bien escritos por las creadoras de la serie, Daisy Haggard y Laura Solon (espléndidos, chispeantes son sus diálogos afilados, descacharrantes, sutiles). Todo ello completado por una música impecable a cargo de Solomon Grey, la dirección fotográfica formidable de Ben Wheeler y la interpretación portentosa de su protagonista, la propia Daisy Haggard, a quien dan una memorable réplica cuantos intervienen en sus dos temporadas (de seis capítulos cada una), especialmente Adeel Akhtar, Geraldine James, Richard Durden, Jamie Michie, Juliet Cowan y Jo Martin.

Te pongo en situación. Así comienza el primer capítulo, este es el leitmotiv de la serie: tras casi dos décadas en la cárcel, una (todavía joven) mujer regresa a su pequeña ciudad natal, a la muy fotogénica e inglesa Hythe, para enfrentarse al resto de su existencia, al rechazo o la aceptación de la gente que la permitan seguir adelante. De regreso a la vida. Y sus inmediatas peripecias te van a mantener entretenido, divertido, intensamente atado a su ficción durante horas sabiamente interrumpidas por su medidísima difusión serial.

“Pocas series equilibran la sensación de dolor y alivio como esta", escribió Steve Greene en IndieWire; y de " oscura joya cómica” la tacha Lucy Mangan en The Guardian. A lo que yo sólo puedo añadir que benditos y benditas los cineastas británicos que nos muestran que detrás, dentro de su talento puede estar lo que uno necesita. 

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