La vida es brutal y lo que se cuenta en una película, también en una obra de teatro, es mejor hacerlo con actores que parezcan personas de verdad. Ambas reflexiones, cada una en un ámbito reflexivo distinto, las hace el protagonista de la película Cuestión de sangre, una pequeña demostración de buen cine sin ínfulas ni melifluas caricaturas.
Titulada originalmente Stillwater, fue dirigida por Tom McCarthy, que se valió de un guion escrito por él mismo junto a Thomas Bidegain, Noé Debré y Marcus Hinchey, se estrenó en 2021 y no es fácil encontrar buenas críticas que le animen a uno a verla.
Yo la recomiendo, entre otras cosas porque me ha perecido un film contado con ritmo, bien escrito y expuesto y bastante bien interpretado, especialmente por un Matt Damon impresionante, excelentemente replicado por Camille Cottin, Abigail Breslin y la niña Lilou Siauvaud.
Su larga duración, 139 minutos, es asumible para el espectador común. Hay en este medidísimo drama muchos momentos emocionantes y un equilibrio admirable entre el dolor y la ternura.



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