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Pensando en lo impensado: el fútbol según Dante Panzeri


Dante Panzeri
escribió el libro Fútbol, dinámica de lo impensado en 1967. Antes, durante casi dos décadas, “se había erigido en una referencia indispensable en el periodismo argentino”. Eso escribe el indispensable periodista deportivo español Santiago Segurola en la presentación de la edición de Fútbol, dinámica de lo impensado que yo acabo de leer, publicada en 2011 por Capitán Swing Libros. (Segurola: ¿hay algún (buen) libro sobre fútbol que no incluya un texto tuyo?)

 

“Cuando Panzeri escribió el libro, lo hizo con el temor a un futuro que despojara al fútbol de sus mejores cualidades. Pronto se refirió a la industria del espectáculo —un término que 50 años después ha cobrado todo su sentido—, al efecto depredador del dinero y a la muy discutible fascinación por lo que ya entonces se conocía como fútbol moderno, que en opinión de Panzeri no era otra cosa que una proclama de la impostura y la fealdad”.

 

Mientras Dante Panzeri “aboga —prosigue Segurola—por la espontaneidad para construir el orden natural del fútbol”, profesionales como el español Pep Guardiola consideran que “el orden es el factor indispensable para alimentar la espontaneidad de los jugadores. Dos posiciones opuestas pero que conducen al mismo sitio: al fútbol bien jugado”. Para Segurola, tal cosa consigue dos efectos: por un lado, “concede un gran valor al libro”, pero, por otra desvirtúa el pesimismo de Panzeri. Todos sabemos de equipos en el fútbol actual que practican un fútbol hermoso, atractivo, que busca casi permanente el gol a base de la elegancia de los jugadores más veloces y hábiles: y ello es así porque “el fútbol genera en cada época eficaces anticuerpos contra la sordidez”.

He comenzado negando alguna de las virtudes del muy reconocido libro de Panzeri. Aunque en realidad me he servido de uno de los humanos que más sabe de fútbol de cuantos conozco, Santiago Segurola. Porque, sí, tienes razón, Dante Panzeri: se puede saber de fútbol.

 

Fútbol: arte y ciencia oculta del imprevisto

Dice Panzeri que “el fútbol (al igual que todos los deportes colectivos de omisión de oposición directa, como el rugby, el baloncesto o el balonmano) se juega con la aceptada ley del derecho al despojo de la herramienta básica de juego”. Lo esencial del libro es que, para el periodista deportivo argentino, el fútbol “es un arte del imprevisto”. Es más, es “una ciencia oculta del imprevisto”. A la lógica del fútbol, la que se basa en la “trilogía talento-habilidad-destreza”, es a lo que se enfrenta quien lo practica: “haciendo jugar lo espontáneo sobre lo pensado”.

No existen el fútbol moderno y el antiguo: lo que existen son “el fútbol bien jugado y el fútbol mal jugado”.


Dos frases de Panzeri: “suele confundirse memoria con sabiduría” y “nadie nace con ideas propias”.

Nadie sabe fútbol, el fútbol ni se enseña ni se aprende: “el fútbol es empirismo”. Sí hay quien sabe de fútbol. Aunque no se enseña a jugar al fútbol, se corrige: no se hacen futbolistas.

(No es fácil leer a Panzeri, que tiene a menudo una escritura oscilante, difícil de seguir: borrosa.)

 

“El fútbol es el más hermoso juego que haya concebido el hombre, y como concepción de juego es la más perfecta introducción al hombre en la lección humana de la vida cooperativista

 

¿Y qué si es simplemente un juego: no lo son también el trabajo o el amor? (¿Panzeri: son el trabajo y el amor juegos?)

 

Homo ludens

Panzeri cita in extenso el libro Homo ludens del historiador neerlandés Johan Huizinga, aparecido en 1938. “El juego es lo no serio”, pero “es cosa seria”. Es también “libre, es la libertad”, se relaciona vivamente con el misterio y la fiesta. Es una lucha por algo y al mismo tiempo la reproducción de ese algo. Al jugar, se tiene “la conciencia de ser de otro modo”. Es a menudo competición y exhibición, y como tal precede a la cultura, pues “la cultura surge en forma de juego”. Se juega con seriedad, pero sin perder el carácter lúdico. “Se lucha y se juega por la victoria misma”.

Según Huizinga, “la actitud del jugador profesional no es ya la auténtica actitud lúdica, pues están ausentes en ella lo espontáneo y lo despreocupado”. El deporte, en las sociedades contemporáneas, se aleja de la esfera pura del juego: “no es juego, pero tampoco es algo serio”. El intelectual neerlandés consideraba que el deporte, en aquella tercera década del siglo XX, había “consumido lo mejor de su sentido lúdico”: es lo que llamó “la propensión del juego a derivar en lo serio”. 

 

Ver ganar y ver jugar


Un partido de fútbol se compone de hechos concretos, unos “que derivan de lo pensado”, otros “que derivan de lo accidental”. Y es así que resulta imposible que nadie sepa más que otro de fútbol. Aunque “unos nos parecen estar repletos de ese saber y otros parecen no saber nada”.

 

El juicio del fútbol se reparte entre quienes ven y quienes sienten, entre quienes van a ver ganar y quiénes van a ver jugar”.

 

El futbolista y entrenador argentino Ernesto Lazzatti escribió en 1963 sobre el hincha, de quien dijo que está más cerca de ser un actor que de ser un espectador. Panzeri añade que los hinchas son enfermos, pues lo que hacen es sufrir, si acaso aliviarse, casi nunca gozar. Unas hinchadas más que otras, matizo yo.

Se pregunta Dante Panzeri si el fútbol es un juego (después de haberlo afirmado una y otra vez). No olvidemos que responde 1967, así que tal vez su respuesta haya ido a más desde entonces

 

“Puede que sea más exacto decir que era un juego y dudosamente es todavía un juego, mientras se lo realice a nivel de espectáculo. Sigue siendo el juego en la informalidad del juego mismo, fuente de los elementos humanos (jugadores) que reclama la sustentación del espectáculo de ese juego. Elementos que al incorporarse al espectáculo son en gran medida compulsados a dejar de jugar”.

 

El fútbol ha olvidado que “”. La motivación del “gusto por jugar” es lo que sostiene al fútbol, sin ella desaparecerá. Y seguimos así, añado yo, esperando su desaparición… Cincuenta años después.

En Fútbol, dinámica de lo impensado hay demasiadas páginas dedicadas a lo que es jugar bien, a lo que es jugar mal al fútbol, también demasiadas páginas dedicadas a criticar que se distinga el fútbol antiguo del moderno, cuando sólo lo hay bien o mal jugado, páginas que a mí particularmente no me interesan, sobre todo por ya anticuadas, fuera del tiempo. Es un libro desfasado, en ese sentido, y se hace insostenible cuando —considerando que “hay mucha gente que supone que el fútbol es un libro de cocina, lo leemos tomamos las ollas y los ingredientes encendemos fuego y esperamos la comida” — se extiende páginas y páginas analizando algo que no existe, algo que seguramente, eso sí, existió, pero que hoy tiene un interés muy limitado.

 

“El fútbol es, acaso primero que un deporte, uno de los más perfectos parangones con la vida del hombre de sociedad. Antes que un juego es una lección de vida plácidamente suministrada como juego. Y aquí corresponde repetir era (en pasado). Ahora es mucho más una gimnasia individual de mantenimiento, de duración”

 

Sí, estamos clavados… en 1967.

La mayoría del público “no es entendido en fútbol, es apasionado: esa pasión entronca mucho más en una mezcla de sadismo e histeria que en una motivación artística y espiritual, por falta de idoneidad y prioridad de lo sádico y lo histérico. El gran público es siempre más proclive a la explosión rumorosa por exteriorizaciones de vigor que de destreza”.

 


Táctica, estrategia…

Es su opinión, la opinión de Panzeri, que dedica 40 páginas (capítulo 14: ‘Táctica y estrategia’) a explicarnos algo que, al final de ese largo discurso, matiza así: “el único dibujo valedero del fútbol es el que se traza con la pelota, nunca el que se hace con la tiza”. Después de páginas y páginas, ya digo, dedicadas a los dibujos (tácticos) que se hacen… con la tiza.

La maldita táctica es la tesis central del libro:

 

“El fútbol está atrasado, como juego, por una aguda embriaguez de cultura que pretende instalar la insólita organización de la espontaneidad. […]

Lo planificado no sirve para manejar lo imprevisto”.

 

Por supuesto, el libro es un ataque a la intelectualización del fútbol: de ella dice Panzeri que no es sino “puro narcisismo literario”. La gente culta va con su mentira por delante para engañar “a quienes saben, pero no saben decir”. Esa es la razón principal de que el fútbol estén camino de extinción. Insisto, todo esto fue escrito en 1967.

Que no se nos olvide: en el fútbol no hay, no puede haberlo, aprendizaje, sólo cabe el entrenamiento. “El fútbol es juego de vitalidad cerebral que necesita del auxilio de la vitalidad física”. Nunca al revés.

Dedica Panzeri las doce páginas de un capítulo del libro a denostar la labor de los directores técnicos (entrenadores), quienes para él no deberían dar órdenes tácticas, ya que lo que tendrían que hacer sería limitarse a orientar.

 

Y fin

El caso es que parece que hoy, ya en 2022, el fútbol no acabó por autodestruirse. ¿Sería este fútbol de hoy del gusto de Panzeri? Posiblemente no, y poco que importa.

Hizo bien su autor rematando el libro con la frase que prácticamente le dio comienzo: “este libro no sirve para nada”. Aunque eso no es del todo cierto: a mí me ha servido para escribir este artículo en el que algo de valor sí que ha acabado habiendo.

Esta edición que yo he leído de 2011 finaliza con dos epílogos: uno escrito por el filósofo español Andrés de Francisco y otro por el director cinematográfico argentino Sebastián Kohan Esquenazi (que, años más tarde, en 2020, estrenara un documental titulado Buscando a Panzeri).

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