La producción libresca del escritor español Manuel Vázquez Montalbán fue ingente. No es difícil reconocer la altura de su pensamiento y su habilidad literaria en cada una de sus obras. Por ejemplo, en la última que he leído: Fútbol: una religión en busca de un dios. Apareció en 2005, dos años después de su muerte: recoge, tal y como explica su hijo, Daniel Vázquez Sellés, responsable de su edición, “los artículos que había escrito a lo largo de su vida periodística dedicados al mundo del fútbol”. En aquellos últimos años de su vida, para Vázquez Montalbán su único proyecto era “pagar los impuestos y envejecer con dignidad: es decir, un proyecto de intelectual olímpico, goethiano”.
“Y es que
interesa que estemos contentos porque ni la Vida será como la esperábamos ni
la Historia como nos la merecemos y al poder le interesa que deleguemos en
toda clase de médiums nuestra percepción de la derrota o la victoria”.
Vázquez Montalbán, para quien la Guerra Civil española tuvo lugar por culpa de “una sublevación de militares terroristas”, que se sabía habitando un mundo “de materialismo grosero (que ya no dialéctico) en el que todo lo puede el dinero”, tenía para él que los dos poderes fácticos en España eran, primero, El Corte Inglés, y luego el Real Madrid. Sí, las cosas de alguien que podía permitirse el humor dentro de sus impecables reconstrucciones analíticas de una realidad que se molestaba en conocer con un grado de profundidad poética asombroso.
“El
territorio de las personas solidarizadas, la única patria que vale la pena”.
Bien sabía el creador de Pepe Carvalho que “urge prefabricar entusiasmos
compensadores de ilusiones perdidas o ampliar el número de policías públicos
o privados porque no creo que con los psiquiatras baste”. Todavía lo urge. El
entusiasmo sigue siendo algo urgente.


Comentarios
Publicar un comentario
Se eliminarán los comentarios maleducados o emitidos por personas con seudónimos que les oculten.