Publicado ya póstumamente, el libro del gran Manuel Vázquez Montalbán Fútbol: una religión en busca de un dios, aparecido en 2005, dos años después del fallecimiento de aquel intelectual total, de aquel escritor total, poeta, novelista, ensayista, tuvo una edición al cuidado de su hijo, Daniel Vázquez Sellés, quien se preocupó de cumplir lo que quiso su padre cuando “empezó a seleccionar los artículos que había escrito a lo largo de su vida periodística dedicados al mundo del fútbol con la intención de publicarlos”.
[…]
Para Manuel Vázquez Montalbán, el fútbol es “un deporte que nos permite una
vivencia religiosa indispensable para nuestro ecosistema emocional”. Y tal
vez convenga recordar, siempre, que de quienes verdaderamente depende el fútbol
es de los futbolistas, de ellos y de la afición:
“Nadie se ha
hecho aficionado a causa del prestigio de un entrenador o de un presidente del
club”.
Como tantos otros deportes, pero por encima de cualquier otro, el fútbol se
ha convertido en un fenómeno de masas porque ha ido creando “divinidades
prodigiosas capaces de convertirse en mitos contemporáneos que, a
diferencia de los mitos clásicos, han sido seres comprobables de los que nos
llega su aura, pero también su fotografía”.
Vázquez Montalbán supo ver ya a comienzos de este siglo XXI, incluso algo
antes, que el fútbol “ha perdido la lógica interna inicial que le acompañó
hasta los años 70 y cada vez se acerca más a la condición de droga de diseño”.
El Mundial de 1998 habría cerrado la “era del fútbol espectáculo e iniciado la
del fútbol como religión de una parte importante del capitalismo
multinacional”.
Hoy, en ese hoy en el que Vázquez Montalbán escribía, “el fútbol es una
religión laica en la Europa posmoderna y los feligreses son bombas sociales
de explosión retardada en manos de dirigentes que no han superado lo que los
psicólogos llaman edad prelógica”. Es también “uno de los pocos
mecanismos de participación subcultural activa asumidos por la población”.
El fútbol fue demonizado durante décadas en Europa por la mayoría de los
intelectuales, “que se limitaron a pensar de espaldas al fútbol o a lo sumo
lo demonizaban como un moderno opio del pueblo” al mismo tiempo que el fenómeno
crecía hasta acabar por convertirse en “objeto de reflexión sobre el signo
posmoderno de la participación de las masas y la neurotización de esa
participación”. Mientras en Europa el fútbol fue entendido hasta hace
relativamente poco tiempo como “un síntoma alarmante de la banalización de la
rebelión de las masas”, en América Latina no ha sido raro que acabara por
convertirse en un debate filosófico.
[…]
“Yo, que he
visto regatear a Kubala con las caderas, driblar de costado a Eulogio Martínez,
a Di Stéfano reinventarse el campo de fútbol con la imaginación o disfrazarse
de poste, a Cruyff marcar goles con el flequillo…”
Manuel Vázquez
Montalbán
Como MVM, yo también creo que el fútbol “es un ritual mágico dependiente de la paciencia y la impaciencia del corazón”.
“El fútbol ha
sido el derecho a la épica ejercido, a tontas y a locas, por el pueblo, ha
sido, y es, un instrumento de desviación de la agresividad colectiva hacia
un cauce no político; pero también ha servido, juzgado desde otra
perspectiva, como válvula de escape de las frustraciones del hombre de la
calle y, por lo tanto, ha cumplido un papel higiénico sobre la prenormal
conciencia social del país”.
Suelo defender que el único ámbito en el que dejo en suspenso mi
racionalidad, no del todo, pero sí en una semiinconsciencia consciente,
es en el del fútbol cuando me zambullo dentro de su esencia prelógica, casi
paranormal. Manuel Vázquez Montalbán lo explica mucho mejor:
“Desde la
cuota de irracionalidad que todo ser humano debe autopermitirse, de ese
impulso mitológico venimos, en ese impulso mitológico permanecemos”.
[…]
En la actualidad, en aquella actualidad en la que Vázquez Montalbán ejercía
su magisterio de escritor culto (en el completo sentido de la palabra culto),
no tan distinta de esta, parecía a menudo olvidarse que “un club de fútbol no
fabrica chorizos ni corchetes, sino ilusiones individuales y sociales,
expectativas de derrota y victoria que se identifican con la propia vida”.
A mí me ocurre exactamente igual que al gran escritor, que “por encima de este
problema me preocupan un centenar: pero el día en que el fútbol se vaya a otra
galaxia económica y mediática se quedarán en la tierra las masas que lo han
convertido en la principal religión posmoderna europea y ya veremos entonces
quién convence a las masas de que el mundo está bien hecho”.
“Muchas veces
lo pienso: Manolo, cuando te mueras no sabrás cómo ha acabado la Liga ni si el
Barça sigue siendo más que un club, ni si… En fin, no quiero ni pensarlo, y es
que desde la infancia parte importante de mi calendario ha sido prefijada por
las competiciones futbolísticas nacionales y el papel que en ellas hacía mi
equipo favorito. Ya sé que lo peor que le puede ocurrir a un intelectual es que
se sepa de qué parte del cerebro cojea, así en el fútbol como en la política.
Qué le vamos a hacer. Mi suerte está echada desde hace ya demasiado tiempo”.
Este texto
pertenece a mi artículo ‘Vázquez Montalbán y el fútbol como una religión en
busca de un dios’, publicado el 20 de mayo de 2021 en Nueva Tribuna,
que puedes leer completo EN ESTE ENLACE.


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