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Leer en el subterráneo madrileño

Hace siete años, me ocurrió esto…

 



Hoy me he dado cuenta de que conozco una forma de medir la categoría de un libro, al menos de medir lo que ese libro me importa, me atrae, me gusta. Estaba llegando a mi estación de metro, cuando solo faltaban dos paradas y, de repente, me encontraba ya en ella, en la mía, sin haber reparado en que se había parado mi tren ya en la anterior, y eso es porque el libro me tenía verdaderamente enajenado, me tenía atrapado como solo la buena literatura es capaz de atraparle a uno. Voy a patentar ese medidor de calidad literaria, pero lo malo es allí donde no haya metro o para quienes no lo usen ni tampoco viajen en trenes de cercanías. En fin, para los demás, las estaciones que desaparecen son la medida de todas las cosas literarias, ya sabes.

 

(Aquí dejo yo un cuento mío que transcurre en el Metro madrileño, por cierto: se titula ‘Secretos’)

 


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, el libro de David Torrejón que apareció y yo leí en 2014 es la novela que detuvo el tiempo aquel día y me hizo olvidar que en realidad estaba sentado en un vagón de Metro. ¿Cómo lo consiguió? Lo ignoro, aunque puedo intuir que su sutil manera de confiarme un secreto, el de que la realidad viaja también en los pliegues de lo que nos narran y que la literatura es sin querer una forma abierta de decirnos que lo cabal casi nunca es cierto, esconde las razones que hacen que leer sea algo tan espléndido.

Hace unos días, me ha vuelto a pasar. El culpable ha sido ahora Kiko Amat con su novela de este año 2021: Revancha.

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