Manuel Rodríguez y yo conversamos en Facebook con motivo de un post muy interesante del escritor cubano Alberto Guerra Naranjo que glosaba nuestra insignificancia cósmica y acababa recomendándonos (a los seres humanos) que “apreciemos la vida en sus zonas amables y multipliquémosla”.
Yo intervine opinando que…
Para la vida humana, la vida humana existe desde que existe la vida
humana. Lo anterior es con lo que se encontró. Y sus vicisitudes con semejante
desbarajuste cósmico dan para eso que escribimos los historiadores y para que
transcurra esto que todos llamamos vida (humana).
Por su parte, Manuel Rodríguez apuntó que “a veces conviene
resituarnos en nuestra realidad de mota universal, para ponernos en nuestro
sitio y restarnos la importancia que nos hemos ido sumando. Un insecto en las
fauces de un tigre”.
A lo que yo aduje…
Un insecto capaz de ser más grande que el tigre. Y más pequeño que los
insectos de que está poblado.
Manuel asintió apuntando esto: “correcto, un ser extraordinario, pero
insignificante”.
Algo que yo maticé así:
Al revés, también (un ser insignificante, pero extraordinario). Esto es
como lo de la botella medio llena o medio vacía. Menospreciar las
especies es algo que sólo los humanos hacen, sobre todo consigo mismos.

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