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Don Quijote y El Quijote


 
vencido en la playa
Don Quijote
es inmortal

Quijote sin Sancho, inoportuno estandarte, famélico en tu sueño, eres un ridículo ripio.

Ser Quijote y merecer el mote pero no, sobre todo, antes que nada, eres además un salmo, eres un canto estelar, eres más aún un uno, ese número eres, tal es tu figura de uno: personaje atávico, inevitable y ubicuo.

Llevas Quijote mucho andado, mucho cabalgado, todo un mundo llevas, eres un universo universal, hasta te han leído muchos y muchas, muchas muchachas, muchos muchachos, en inglés y en serbocroata, en francés y en finés, en español de España y en el de Costa Rica.

Quijote, te salva tu solvencia, la de ser de una pieza, no una falsa moneda.
Quijote eres un señor, nada de hidalgo o caballero, eres un señor de pelo en pecho, de alma de sirena, un escuálido esencial y átono: yo te leí hace años, bueno, no a ti, a tu dueño, a quien te perdió, a ese tal Cervantes, generoso escriba de mi patria, atildado gigante de las letras repleto de mis palabras y sabio de su idioma, urdidor de versos y cuentos, dramático dramaturgo dragonáceo.

Ostras, qué tarde se ha hecho: es que ser como eres, tan libro y tan persona(je), da para una galaxia.

Te tengo que dejar, Quijote, la próxima vez no vengas solo, acompáñate de Sancho y sé ya un dios completo.



Escribí hace pocos años un cuento titulado 'Bestebpó' en el que sale el (muy universal) libro de Miguel de Cervantes. En él podemos leer…

El Quijote va de un caballero enloquecido que arrastra en su ditirámbica aventura a un sabio de esos que lo son sin serlo ni saberlo ni quererlo ni valerlo y los dos recorren muchos sitios hasta que en la playa de Barcino es derrotado el chiflado y regresa a morir a ese lugar de La Mancha que a Miguel de Cervantes no le dio la gana de obligarse a recordar. Y mira que hago yo esfuerzos por recordar lo del cumpleaños de Mota en el chalet de sus padres una tarde de invierno de un sábado en la que bailamos mucho y espero que bien, aunque en realidad me da igual, que bailáramos bien, digo, porque como decía el poeta griego… Lo importante es el baile. ¿O no dijo eso el tal Kavafis? ¿Y qué demonios querrá decir 'ditirámbica'?


Y ASÍ ACABA MI LIBRO ¿Qué eres, España? Más Quijote:

Bueno, España, te tengo que dejar, aunque no del todo, ya verás.
¿Hablamos de futuro? ¿De tu futuro? No, mejor te dejo un buen sabor de boca con algo grande, hermoso, que haya pasado en ti, en ti que ahora mismo hay quien te habita decidido a volver a las cunetas una y otra vez para ponernos perdidos de muerte.

Don Quijote, el protagonista de la novela por excelencia de la literatura universal, escrita por un español de cuando yo creo que ya había españoles, es una manera brillante de despedirte y despedir este libro. Y algunas de las palabras que sobre él dijo el médico e investigador científico español Santiago Ramón y Cajal en su discurso pronunciado en Madrid, concretamente, en el Colegio de Médicos, el 9 de mayo de 1905, un año antes de obtener el Premio Nobel de Medicina, son un broche excepcional a este recorrido por lo que creo que eres, España.

“Cuando un genio literario acierta a forjar una personificación vigorosa, universal, rebosante de vida y de grandeza, y generadora de la esfera social de grandes corrientes del pensamiento, la figura del personaje fantástico se agiganta, trasciende los límites de la fábula, invade la vida real y marca con sello especial e indeleble a todas las gentes de la raza o nacionalidad a que la estupenda criatura espiritual pertenece. Tal ha ocurrido con el héroe del libro de Cervantes.

Muchos extranjeros y no pocos españoles, creyendo descubrir cierto aire de familia entre el citado protagonista y el ambiente moral en que fue concebido, no han reparado en adjudicarnos, sin más averiguaciones, el desdeñoso dictado de quijotes, calificando asimismo de quijotismos cuantas empresas y aspiraciones españolas no fueron coronadas por la fortuna. Complácense en pintarnos cual legendarios Caballeros de la Triste Figura, tenazmente enamorados de un pasado imposible, e incapaces de acomodación a la realidad y a sus útiles y salvadoras enseñanzas.

No seré yo, ciertamente, quien niegue la complicidad que, en tristes reveses y decadencias, tuvieron la incultura, así como la devoción y apegamiento excesivos a la tradición moral e intelectual de la raza; pero séame permitido dudar que la ignorancia, el aturdimiento y la imprevisión constituyan la esencia y fondo del quijotismo. O esta palabra carece de toda significación ética precisa, o simboliza el culto ferviente a un alto ideal de conducta, la voluntad obstinadamente orientada hacia la luz y la felicidad de la humana colmena. Apóstoles abnegados de la paz y de la beatitud sociales, los verdaderos Quijotes siéntense abrasados por el amor a la justicia para cuyo triunfo sacrifican sin vacilar la propia existencia, cuanto más los apetitos y fruiciones de la sensibilidad. En todos sus actos y tendencias ponen la finalidad, no dentro de sí, en las bajas regiones del alma concupiscente, sino en el espíritu de la persona colectiva, de que se reconocen células humildes y generosas.”

Y, al final, ‘Vencidos’, como en un poema exiliado. 


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