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Un viaje a través de la Historia (capítulo dos)

Llegados a la historiografía medieval, es conveniente establecer una clara distinción entre los historiadores eclesiásticos —como el hispano a caballo del siglo VI y VII Isidoro de Sevilla, o como el monje benedictino muerto en el siglo VIII Beda el Venerable—, de aquellos que escribieron cuando ya a partir del siglo XI el centro de producción de la literatura histórica eran las cortes regias.
Dicha historiografía destaca, más que como estricta fuente de información histórica, como “receptora y a su vez forjadora del imaginario colectivo”, según recogiera el historiador español Jaume Aurell, quien da por sentado que aquella, a la cual no se la puede entender desde un punto de vista “estrictamente racional e historicista”, se caracteriza por su providencialismo y “por su identidad literaria, por su función social y política [‘políticamente legitimadora’], por su tendencia moralizante y por su continua remisión al presentismo.” ¿Y qué es el presentismo, te preguntarás, lector? Muy sencillo, es la legitimación del presente a través del acercamiento intencional del pasado, algo que funciona por el llamado principio de contemporaneidad, aquel que evita quedarse estáticamente en el pasado.

Este texto pertenece al artículo ‘La historia de la Historia (toma dos)’, publicado el 26 de mayo de 2019 en Periodistas en Español, que puedes leer completo EN ESTE ENLACE.

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